Taza de café

Decir «no» como forma de vida

12/04/2015

[15/53] Corría el verano de 2011 y después de mucho pensarlo, de hacer un plan de empresa –que nunca se cumpliría– y de participar en Yuzz Cantabria, di el paso: me hice autónomo. Y con esa decisión se abrió un mundo de posibilidades que no quería perder. Meec. Primer error, y primera lección: hay muchas cosas que te debes perder.

Ya lo conté hace unas semanas en el post sobre la experiencia y sobre por qué te vas a equivocar aunque hayas leído una docena de manuales acerca de qué y cómo hacer el trabajo que te viene encima: la primera vez siempre pecas de ingenuo, de no saber dónde te estás moviendo y del famoso «a mí eso no me va a pasar«. Hasta que te pasa, claro.

Recuerdo algunos de mis primeros proyectos en los que me metí y de los que salí escaldado por decir que sí a todo. Peticiones imposibles, plazos difíciles de cumplir, precios de risa, infinitos cambios sobre la marcha… ¡pero algo es mejor que nada! pensaba yo –sin valorar mi tiempo–. Segunda lección: tu tiempo es tan valioso como el dinero.

Nunca se me dio bien decir que no a la gente. Piensas que igual estás perdiendo una oportunidad clave, que no te volverán a llamar o que van a pensar que no eres buen profesional. Atención, spoiler, estas cosas no pasan. De hecho, es un signo de que tienes claro lo que haces (y lo que no haces), lo que te conviene y lo que es mejor tanto para ti como para el cliente.

Y es que al final, si te metes en embolados de los que vas a salir con dificultad, es probable que o acabes perdiendo dinero (subcontratando lo que no sabes o no puedes abarcar), o acabes cabreando al cliente (incumpliendo plazos y poniendo excusas). Ninguna de las opciones es la mejor, así que hay que atajar el problema desde el principio, diciendo no.

Esto es válido tanto para un autónomo como para un trabajador dentro de una empresa. Si le dices que sí a todo el mundo terminarás haciendo tu trabajo y el de los que tienes alrededor. No es lo mismo echar una mano cuando tú decides que puedes hacerlo que tener a los demás planificando tu carga de tareas. De la primera manera puedes ser una pieza clave en la estructura, pero de la segunda no tienes nada que ganar y además si no logras terminar lo que te has comprometido a hacer, será peor –aunque no fuera tu labor en primer lugar–.

¿Y cómo se dice que no? Esta respuesta es sencilla, diciéndolo. Perdiendo el miedo a que estás fallando a alguien, o a ti mismo, o que estás perdiendo oportunidades. Con toda seguridad estará ocurriendo todo lo contrario: estarás ganando tiempo, tendrás mayor claridad de ideas y objetivos y mantendrás las situaciones bajo control. No aceptes proyectos cuando tu calendario está lleno de tareas ya difíciles de encajar, o si tus próximas semanas tienen unas vacaciones que necesitas y no debes posponer. No digas que sí a peticiones imposibles, en tiempo, forma o retribución. No digas que sí a oportunidades en las que vas a pringar por una posibilidad futura de que otra cosa ocurra (otro spoiler, no suele ocurrir).

Cuando estaba en GPMESS, Javi insistió bastante en que cambiara esto de mi forma de ser y creo que consiguió bastante. Recuerdo una semana antes de irme de vacaciones a Andalucía (por primera vez en años) que tuve que rechazar tres proyectos porque los querían para ya, y no iba a estar. ¿Estaba haciendo lo correcto? Pasado el tiempo, está claro que sí. Y en el momento, pese a las dudas, también hice lo correcto. La sensación de decir que no y saber que es por el bien de todos, es agradable. Y el liberarte de una carga segura de stress que sumar a las que ya de por sí cualquier trabajador tiene, es otro alivio.

Así que, sin miedo, debéis decir que no. Vuestra calidad de vida profesional y personal os lo agradecerá.

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2 reacciones a “Decir «no» como forma de vida

  1. 5 de septiembre de 2011. Parece que fue ayer cuando cogía el autobús a Santander de buena mañana para firmar todos los papeles y darme de alta en la Seguridad Social y en Hacienda. Ya llevaba meses preparándome con la idea en la cabeza pero después de ese momento no había vuelta atrás. Y ahora, después de unos 15.000 euros en cuotas mensuales, clientes de todo tipo y anécdotas para aburrir, aquí sigo trabajando duro para que Vertixe crezca poco a poco y siga siendo un negocio sostenible y que me dé para vivir (bien).
    Ya conté en este blog muchas de mis experiencias en GPMESS, que fue una aventura paralela –y principal durante casi dos de estos cinco años– y son igualmente aplicables a mi vida de trabajador autónomo. Aún así, quería dejar a modo de recuerdo (o de consejo para los jóvenes incautos de hoy en día) cinco conceptos que creo que me han valido mucho para llegar vivo empresarialmente hablando al día de hoy.

    La profecía autocumplida. Da la Wikipedia esta definición de Robert Merton: La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición «falsa» de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva «verdadera».
    Estoy seguro que mi antiguo socio y gran amigo Javi está convencido de que lo que me enseñó principalmente fue a decir NO, que también, pero mucho antes ya me impactó su manera de convencerse a sí mismo y a todos los que le rodeaban de que si se proponía algo, lo iba a conseguir. Lo hizo el primer día de Yuzz, lo hizo con Lanzadera y lo ha hecho muchas otras veces.
    Decirte a ti mismo y en público cuál es tu objetivo, por irreal que parezca, es el primer paso para esforzarte incluso un poco más de lo que crees que puedes esforzarte para conseguirlo.

    Nunca sabes dónde o quién va a poder ayudarte en tu vida profesional. El socio de un primo de una chica con la que chateabas en el IRC diez años atrás. El tipo que ha llegado diez minutos antes, igual que tú, a un evento y charlas con él. La persona que una vez te recomendó un compañero y vuelves a encontrarte en Twitter. El yerno de un amigo de un familiar.
    Todas estas opciones, ficticias o no, no tienen cabida en el plan de empresa o en el modelo canvas cuando redactas quiénes van a ser tus socios clave o tus recursos más importantes. Y, al final, si no estás con los ojos bien abiertos, puede que no lo sean. Pero muchas veces, pequeñas decisiones que en principio no llevaban a ningún lado, terminan por cambiar (para bien o para mal, que también puede ser) tu forma de trabajar, tus contactos o tus procesos.

    La sinceridad y la transparencia son la base para no pisar en falso. A diferencia de trabajar en una startup, un autónomo, una pequeña empresa, un estudio… son carreras de fondo y no de velocidad. Es importante avanzar siempre y, por supuesto, cuanto más rápido mejor, pero no a cualquier precio. Y es importante que cada paso sea lo más seguro que pueda ser.
    Tus clientes van a ser personas, igual que tú, que tendrán días malos, semanas de infinito trabajo o temporadas en las que no tengan la cabeza donde deban por cualquier motivo. Por eso comprenderán el día que falles, que entregues tarde, que se haya complicado lo que pensabas que a priori iba a ser algo sencillo. Obviamente no estoy hablando de que sea una costumbre, pero aunque a todos nos gustaría ser 100% eficaces el 100% de los días, la realidad se mueve con otros parámetros.
    No te inventes excusas –por muy buenas que creas que sean– y reconoce los errores, aprende de ellos y trabaja duro para que no se repitan.

    Lo que más cuesta es el tiempo que pierdes en las cosas en las que no eres experto. Recuerdo que el primer trimestre de autónomo hice yo mismo los papeles. Fui a Hacienda, me explicaron todo, lo rellené, busqué en Internet infinidad de artículos con las dudas que tenía y por fin lo entregué. Le eché un montón de horas y ni siquiera tenía la total seguridad de que no la habría pifiado y tendría que pagar una multa nada más empezar. ¿Las gestorías son caras? ¿Y tu tiempo?
    Programas o aplicaciones de pago, servicios premium, servidores más caros con un servicio técnico excepcional, un ordenador y un teléfono mejor. Es dinero sí, y por descontado es algo que tienes que controlar al céntimo sin pasarte de lo razonable y lo que permite que las sumas salgan. Pero si por ahorrar en estos aspectos te tiras horas arreglando desaguisados, aprendiendo a hacer cosas que realmente no sabes hacer o con preocupaciones, debes cambiar tu postura lo antes posible.
    Cualquier negocio en el que tú seas autónomo se va a basar en que pases la mayor parte de tu tiempo haciendo lo que realmente te hace ganar dinero y no cosas accesorias. Nunca pierdas de vista la importancia de ese tiempo.

    Diviértete y busca la manera de desconectar. Es un clásico de los coachs y la autoayuda pero si te cuesta levantarte muchas mañanas seguidas para hacer tu trabajo y realmente no te divierte, es el momento de pensar en cambiar el foco. No tiene que ser dedicarse a otra cosa, pero sí puede ser deshacerse de ciertos clientes o de ciertos productos o servicios que ofreces que te traen por la calle de la amargura.
    E incluso aunque adores tu trabajo, busca siempre rodearte de gente que te ayude a desconectar, ten entretenimientos que te hagan levantar la cabeza de la pantalla y no te hagas imprescindible para todo, porque es la única manera de permitirte días de vacaciones para recargar pilas.

    Esto iba a ser un post breve pero se me ha ido un poco de las manos… espero que dentro de otros cinco años pueda contar las nuevas experiencias y los nuevos aprendizajes que me he ido topando por el camino. Y es que el camino es lo más divertido de esta aventura del autoempleo.






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