Las bodas de oro de mis padres

03/05/2016

Esta foto me encanta –aunque yo no salga muy favorecido– porque responde a una pregunta que me hicieron mis padres un 31 de diciembre de 2014, cuando el término se estaba poniendo de moda, y para la que yo tenía respuesta: ¿qué es un selfie? Y como mejor que mil explicaciones es un acto, nos hicimos una.

Me encanta porque no es fácil devolverles ni una mínima parte de todo lo que me han enseñado a lo largo de mi vida. Sí, puede que como cualquier hijo del siglo XXI sea el que configura ordenadores, arregla teléfonos o les enseña a usar Skype para mantener siempre el contacto. Pero, ¿cómo es eso comparable a unos valores, a una educación y a un modo de vivir la vida que me acompañarán siempre?

El próximo domingo celebraremos toda la familia los 50 años de casados de mis padres y no puedo estar más orgulloso de ellos y feliz. Yo sólo he conocido los últimos 32 años (largos) de la historia y han sido espectaculares. Siempre han estado ahí, siempre dispuestos a ayudar y a apoyarme aun cuando sabían que me estaba equivocando. Ahora sé que es parte del aprendizaje que me ha llevado a estar donde estoy hoy.

Tal vez hasta que no cumples cierta edad o te pasan ciertas cosas no sabes valorar todo lo que hacen por ti, y tal vez no se lo he dicho lo suficiente, pero gracias. Gracias por hacer que me esforzara siempre para conseguir lo que quería. Gracias por enseñarme a crear buenas rutinas. Gracias por confiar en mí (aun cuando no lo mereciera). Gracias por vuestro apoyo moral y económico -con ese dinero que tanto cuesta ganar-. Y gracias por no ir a verme casi nunca jugar al baloncesto porque, de verdad, éramos muy malos y aprendí mucho más sin la presión de no fallaros.

Puede que no sea exactamente como os hubiera gustado que fuera, pero me habéis dado todas las armas que necesito para defenderme en este mundo. Recuerdo cuando me apuntasteis a aquellos cursos de mecanografía. Recuerdo cuando me animasteis a ir a Inglaterra aquel verano de 1998 para mejorar mi inglés. Recuerdo cuando me dejabais estar dos horas con el ordenador después de haber terminado los deberes. Recuerdo cuando me acompañasteis hasta el aeropuerto de Girona antes de irme a Chequia a cambiar mi vida. Recuerdo cuando vinisteis a Valencia a conocer qué me traía entre manos con GPMESS y Lanzadera. Recuerdo cuando visitasteis Galicia para conocer a la otra familia que me ha acogido como uno más.

Sé que siempre seré el pequeño de la casa, el que por algún motivo siempre vive lejos y aparece de Pascuas a Ramos, el que no terminó la carrera pero se metió a emprendedor y a empresario en lugar de buscar un puesto fijo. Soy el que hace páginas web y cada día le va un poco mejor que el día anterior. Soy todo eso y mucho más.

Soy el que secaba los platos mientras escuchábamos Clásicos Populares en la radio. Soy el que limpiaba ventanas y pasaba el aspirador, y el que sigue prefiriendo unos gallos o unas salchichas con patatas y tomate casero a cualquier restaurante de cinco tenedores. Soy el que pasaba horas y horas en el Secadero y el que ahora pasa horas y horas mejorando como profesional.

En el fondo, soy todo lo que me habéis enseñado. Y espero que algún día podáis estar tan orgullosos de mí como lo estoy yo de vosotros. ¡Felicidades por vuestros 50 años de casados y todos los que vengan! No es porque seáis los míos, pero sois los mejores padres del mundo. ¡Nos vemos pronto!

 

2 reacciones a “Las bodas de oro de mis padres

  1. Los últimos años intento salir al menos una vez de viaje (si puede ser al extranjero) y, en muchas de estas aventuras, me he encontrado cerrado o vallado alguno de esos must-see que toda guía turística recomienda. Pasó en Villa Tugendhat (Brno), el Callejón del Oro (Praga), la Fontana di Trevi (Roma) y el Alcázar de Sevilla. Y a veces estos pequeños contratiempos quedan en la memoria incluso más que otras maravillas que has podido disfrutar. Por eso hay que hacer un pequeño trabajo de recordar y valorar todo aquello que sí se ha vivido y celebrar las sorpresas positivas que también ocurren de vez en cuando.
    Este año el viaje fue volver a Londres. Redescubrir una ciudad que me encanta y desconectar una semana del día a día. Y, casualidades de la vida, la Tate Modern reabría e inauguraba su segundo edificio (desde cuya terraza hice la foto que acompaña este artículo) justo cuando estábamos allí. Y me encantó. Y no lo olvido.
    Había otro viaje preparado (Lisboa, te veo el año que viene) pero en septiembre hubo un cambio de planes que muchos conocéis: ya vivo (¡vivimos!) en Pontevedra. No es que ahora se acaben las idas y venidas en autobús o tren a Cantabria o a Marín, pero empiezo a tener un sitio al que referirme cuando digo que vuelvo a mi casa. Si pasáis por allí o queréis hacer una visita, os esperamos en pleno centro de una ciudad que dominamos desde lo alto.
    Por lo demás, a nivel personal, todo sigue igual. Mis padres celebraron sus bodas de oro en mayo y algunos de mis mejores amigos decidieron casarse o empezar a tener críos para dar argumentos a las familias de los que queremos que todo siga siendo igual porque somos jóvenes y ay, la incertidumbre.
    También conocí mejor Galicia, desde Tui a Fisterra, profundizando en la figura de Castelao, escuchando a Xoel en Peregrinas o desde lo alto del Castelo de Soutomaior; recordé que la velocidad no es lo mío conduciendo un kart en Logroño; volví a escuchar una mascletá en mitad de un viaje que me llevó a recorrer medio país para ver a todos mis excompañeros de GPMESS, a mi querido Vicen y a llegar por sorpresa al cumpleaños de mi padre. Y seguí haciendo check-ins de Foursquare (bueno, de Swarm) para poder acordarme de que todo estó pasó en los últimos doce meses.
    Resumen profesional, versión transpositor
    Hace unos días estuve con mis amigos de Santander celebrando una de nuestras tradiciones más ancestrales: el memorial. En este encuentro por los bares llenos de parroquianos de la zona Castros-General Dávila de Santander nos ponemos al día un poco de todo (antiguamente sólo nos poníamos tibios) y surgió una duda común. ¿Pero Juan de qué trabaja? Y de repente me había convertido en un Chandler Bing cualquiera.
    Así que resumiendo, tengo una empresa desde 2011, Vertixe, que hace diseño y desarrollo web. Es decir, páginas web. U otro tipo de proyectos en Internet, como tiendas online o lo que surja. Trabajo con algunos amigos autónomos que complementan mis habilidades (un diseñador gráfico, un fotógrafo, creadoras de contenido…). Y en los últimos meses hemos hecho proyectos como la web del festival de teatro Escenas do Cambio en Santiago o de cortometrajes FIC Bueu o Curtocircuíto Santiago, del espacio de comida, música y tragos Riquela, del negocio de agricultura ecológica A Leira de Lola, y hemos actualizado la tienda de ropa D-due o la de cerámica Ojea Studio, además de otros muchos trabajillos.
    Todas estas páginas tienen por la parte de detrás un gestor que se llama WordPress, sí, eso de lo que me habéis tenido que oír hablar tanto últimamente si estabais medio atentos. Me he ido especializando en desarrollar sobre él y ayudar a que sea un poco mejor, ya que es un proyecto open source en el que cualquier persona puede echar una mano y, ya que me da de comer, es lo mínimo que uno puede hacer por el proyecto. Este año he aprendido un montón y he compartido todo lo que he podido con el resto de la comunidad. Ha sido un gran año.
    Resumen profesional, versión profesional
    Para los que lo anterior les suene a Captain Obvious, decir que el 2016 ha sido un año de cimentar lo que viene en 2017 para Vertixe (sí, Andrés, hacerme rico). Ha sido una prueba de 12 meses centrado en este único proyecto y hacerlo viable mes a mes, trimestre a trimestre. Que aún hay MUCHO que mejorar, sin duda, pero que hay que mirar las cosas con perspectiva y celebrar los triunfos también, no sólo aprender de los errores.
    He entrado en dos comunidades muy interesantes: una, la de WordPress, donde he conocido a gente fantástica que no para de crear, mejorar e idear. Estuve en la WordCamp Sevilla, fui ponente por primera vez en WordCamp Santander y monté un proyecto paralelo de actualidad semanal para profesionales en Enlace Permanente. La segunda, que empezó relacionada con la primera, es la comunidad del Espacio Arroelo en Pontevedra. Un centro de coworking lleno de energía y que me abrió las puertas para organizar las meetups de WordPress Pontevedra, un nuevo grupo donde profesionales que tienen alguna relación con esta plataforma van a aprender y a enseñar.
    Y, sobre todo, voy encontrando poco a poco mi lugar en el ecosistema web, lo que realmente me gusta, lo que me preocupa, lo que defiendo y en lo que quiero convertir mis trabajos. La web abierta, el frontend, los estándares, la accesibilidad, el difundir y defender las buenas prácticas y el seguir mejorando mis habilidades van a ser constantes en este próximo año. Seguir conociendo a gente interesante y que me permita crecer. Trabajar mejor. Desconectar más.
    Hay muchos pequeños propósitos para el 2017 pero nunca he sido de grandes listas. De momento tengo una batalla abierta con la báscula y un médico, tengo varios pequeños proyectos en la recámara, tengo el gran objetivo de que crezca Vertixe en 2017 y tengo la gran suerte de tener a Mónica para acompañarme en todas estas aventuras. Seguro que nos encontraremos algún bache o alguna cosa importante cerrada que no podremos visitar, pero al final estoy seguro de que será un (otro) año para recordar.
    Gracias a todos por formar parte de él.






  2. Hola Juan, muy interesante lo que escribes sobre las experiencias con tus padres. Es verdad que llevamos en nuestra mochila todas las enseñanzas que recibimos de ellos y ahora que estoy preparando las Bodas de Oro de mis padres , surgen decenas de recuerdos en mi memoria. Me recomendaron http://www.cuentospersonalizados.me para recopilarlos todos en un libro personalizado.
    Echale un vistazo a ver que te parece.

Mentions

  • 2016: Resumen del año - Juan Hernando – ciudadanoB

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