Candado

Aprendiendo a cerrar

14/07/2020

Como sois lectores muy avispados, la mayoría ya ha visto que a estas alturas de proyecto en el blog, estoy utilizando esto de escribir más a modo de terapia que otra cosa. Que aún no han llegado los artículos técnicos. Ni los contenidos basados en palabras clave. Ni los análisis sesudos sobre la actualidad tecnológica. Ni las recomendaciones sobre X o Y. Todo llegará.

Una de las preguntas típicas de esta época marcada por el COVID-19 es «¿cómo lo llevas?». Más allá de la salud, es una cuestión mental y psicológica.

Lo he estado hablando ayer y anteayer con varios amigos también, en persona y en vídeollamada, porque soy de los que piensa que las cosas dichas en alto (o escritas) hace que sean más fáciles de digerir o comprender.

Yo, ahora mismo, lo llevo regular.

Así como los meses encerrados los he llevado bien, porque desde el primer momento me hice a la idea de que iba a ser algo para largo y que tres meses no nos los quitaba nadie en casa, la desescalada, la «nueva normalidad», y la amenaza continua de que todo se vuelva a descontrolar, no lo estoy procesando del todo bien.

Es una especie de preocupación continua que está dando vueltas por dentro de la cabeza, acentuada con cada noticia (sí, sé que debería dejar de verlas), ese miedo a que le pase algo a un ser querido, esa sensación de que en cualquier momento vamos a tener que volver a dejar las nuevas rutinas para volver a mirar por la ventana la vida pasar…

Yo qué sé.

Esas cosas que dan vueltas en la cabeza

A raíz de esto, he seguido buscando motivos dentro de mi cabeza sobre por qué estoy otra vez con el curro a punto de explotar (y no conviene, porque ya está haciendo demasiado calor en Galicia estas semanas como para caldearlo más).

Cogí papel y boli y me hice una lista de cosas que tenía ahí dentro. Clientes a los que contactar. Proyectos sin terminar que ya tendrían que estar terminados. Proyectos sin empezar esperando a los anteriores. Proyectos que se quedaron en el limbo. Proyectos presupuestados que en cualquier momento se reactivan. Modificaciones en proyectos casi entregados. Meetups de WordPress. Mensajes de patrocinadores por contestar. Excels de contabilidad por rellenar. Transferencias que hacer. Contabilidad personal por ajustar. Ideas de proyectos paralelos. Movidas en las que meterme porque me apetece. Gente con la que querría contactar. Las vacaciones. Cuándo visitar a la familia en Cantabria. ¿Tengo que comprar lentillas? ¿Tengo que comprarme ropa nueva? Escribir en este blog. Actualizar ciertas cosas de la empresa. La posibilidad de irme a una oficina. Más clientes. Más proyectos. Más compromisos.

Me salieron 40 cosas.

Cuarenta cosas que tengo continuamente rondando por ahí, que se pueden activar sencillamente con un nuevo mail en la bandeja de entrada. Con un WhatsApp. Con un mensaje en Slack. Y que al activarse, barajan todas las demás, las recolocan, las cambian de prioridad y las dejan por ahí buscando su momento de atención.

Estoy seguro que hay gente que puede gestionar perfectamente, no 40, sino 200 cosas «a la vez». Yo no soy uno de esos.

Mi problema es que no cierro nada

Me está quedando una entrada que parece una conversación con Daniel Arenillas y su newsletter Mentalidad Consciente (que os recomiendo 100 %).

Es curioso cómo funciona la mente. Cuando he cerrado ciertas etapas (una relación, trabajar con un cliente grande en particular, lo de dar charlas a cada WordCamp a la que iba), siempre el siguiente paso ha sido genial. He podido iniciar nuevos «proyectos», me he quitado un peso (o un problema) de encima y todo ha ido bien.

Y en lugar de hacerlo más a menudo, me bloqueo con todas esas cosas ahí. Y ese almacenamiento acaba provocando estrés, falta de productividad, que se te vuele el tiempo (en serio, ¿mitad de julio ya?), que te sientas estancado o que pierdas la atención del momento.

Vamos, todo eso de lo que iba el Proyecto 8 y los buenos propósitos.

Creo que estoy llegando a la raíz del problema y que con una planificación más realista (en serio, soy optimista no, lo siguiente, y siempre me voy poniendo trampas con los plazos, a diario), y cerrando muchas de estas puertas que están entreabiertas, la cosa puede ir a mejor.

Os lo iré contando. El blog no lo voy a cerrar, eso podéis estar tranquilos. Pero a ver si en unas semanas os puedo decir que en vez de 40 cosas tengo la mitad (y no 60, como más de uno que me conozca estará pensando que me va a pasar) en la cabeza.

Y lo voy llevando mejor.


🎧 Escrito escuchando: Belako – Sea of Confusion (Spotify)

10 reacciones a “Aprendiendo a cerrar

  1. ¡Ánimo compi!

    Lo leí el otro día y solo le dí like… adivina por qué… la excusa de siempre…no tenía tiempo.
    Pensándolo bien, sí que lo podría haber sacado, pero mi mente y yo somos expertos en autosabotearme.

    Te entiendo, y me identifico con lo que te pasa. Por eso he vuelto al este post de nuevo, para leerlo una vez más y dejar el comentario que no dejé, para cerrar lo que dejé pendiente. Ahora solo me queda cerrar los proyectos sin cerrar, terminar mi web y aplicar mi marca personal (Ana Cirujano me querrá colgar de los webs), dedicarme más tiempo a mi y mi familia, visitar a mi familia en Sevilla…. no sigo, que estoy utilizando el apartado de tu comentarios de tu blog como terapia psicológica.

    ¡Juan, no estás solo!
    Aquí estoy para lo que necesites (aunque eso implique más carga de trabajo, :D, vessss…)
    Nada, fuera bromas, que cualquier cosa ya sabes como localizarme.

    Muchas gracias por compartir y fuerza para reducir a la mitad esas 60 cosas.
    Disfruta del verano – (si puedes…- que cabr*n ha sonado eso al final)
    ¡Un fuerte abrazo!

    1. Muchas gracias Moisés por pasarte por aquí :D Seguro que al final disfrutamos el verano, reducimos la lista y nos sale todo de maravilla… ¡cuento con ello! ;D

Republicaciones

  • Carlos Longarela

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