Mira que te lo dije. Que no te murieses, joder. Que si lo hacías, tú te quedabas tranquilo pero el trabajo que nos ibas a dar a los demás… Pero tú, como siempre, haciendo las cosas a tu manera. Y aquí estoy, escribiéndote una entrada en el blog en lugar de estar haciendo el resumen de la WordCamp Europe (o de la de Lisboa, o de la de Barcelona, en las que TODO el mundo me preguntaba por ti nada más verme).
Te conocí en la meetup de WordPress Pontevedra de mayo de 2017, tal y como cuenta Wajari en su fantástico post. Tu entrada fue singular, como siempre. África del coworking Arroelo me vino a avisar que había «un señor mayor con unos bastones» que venía al evento y si le dejaba pasar, porque todavía faltaba una hora para empezar. Yo estaba aún colocando sillas, preparando la mesa del picoteo, y le dije que sin problema.
Y ahí llegaste tú, con un gorro de pescador, dos bastones de caminar, unos tirantes, una faja para mantener tu cuerpo con forma humana y un acento extraño: «Disculpe que llegue antes de tiempo, pero no sabía cuánto iba a tardar desde donde dejé el coche aparcado y por eso vine antes. ¿Puedo ayudar en algo? ¿Coloco sillas?». Cómo te iba a dejar cargar con sillas si parecía que te ibas a desmontar al tercer paso. Estuvimos una hora charlando hasta que llegó el resto de la gente. Bueno, estuviste una hora hablando tú, probablemente, como siempre.
Mes a mes, el señor mayor que hablaba mucho se fue convirtiendo en una parte importante de mi vida. Y de la de todos a los que conoció en el grupo. ¿Necesitabas algo? Ahí estaba. ¿No necesitabas nada? Ahí estaba también, por si acaso.
Y así, sin darnos cuenta, te habías convertido en nuestra familia. Íbamos de ruta por las meetups de Galicia. Viajes infinitos hasta Ourense (con paradita en Cea), hasta Santiago, hasta Vigo (sí, lo hacías infinito también si te dejábamos). Y pronto descubriste lo de las WordCamps. Ay, las WordCamps. Cómo te cambiaron estos eventos, ¿eh? Conociste a cientos de personas por todo el país y las asombraste con tu trabajo incansable, tus anécdotas, tus recuerdos y tu sonrisa.

Pero ¿sabes qué era lo que más nos gustaba a tu familia pontevedresa? Cuando luego volvías a tomarte unas cañas o un café con nosotros y gruñías y te quejabas. Porque nuestro José Luis era un gruñón. Pero solo de puertas hacia dentro. Y claro, qué más queríamos nosotros para chincharte a la mínima.
Me empezaste a llamar «Ilustrísimo Señor Hernando, Conde das Rías de Pontevedra e Vigo y futuro Marqués das Rias Baixas y Señor de Braga». Después pasamos a «Juan, de apellido Hernando, Conde de Pontevedra, Marques das Rías Baixas e parte das Altas». Tú también eras un burlón, claro. Te has ido sin verme con el siguiente mote. Fui el Presidente de Pontevedra, el Presidente Emérito y ahora ni más ni menos que el Presidente de Europa.
Sé que estás orgulloso de mí, sobre todo de mi capacidad de meterme en berenjenales cada vez más grandes con esa inocencia de poder cambiar cosas a mejor y de hacer lo que no se puede hacer porque nadie nos había dicho que era imposible. Y pasándolo bien. Ese fue siempre nuestro plan. Y no se nos dio nada mal, ¿no?
Me acuerdo viajando a la WordCamp de Porto en 2018 los dos en tu furgoneta donde empezaste a contarme todos los trabajos que habías hecho en tu vida. Hubiéramos necesitado cincuenta viajes más para que me lo contases todo. Qué tío.
De aquella estábamos planeando nuestra primera WordCamp en Pontevedra y buscando dinero de patrocinadores. Cuando te acercaste a una persona de Yoast (que ni siquiera era trabajador, pero a ti te daba igual, como siempre) y le dijiste «we want your money, your money», casi me da mal. Y quién te iba a decir que luego ellos te iban a dar quinientos euros que te gastaste en gasolina, ¿te acuerdas?
No podría escribir todas las anécdotas y todos los recuerdos que tengo contigo porque sabes que son demasiados. Y yo, un poco vago. Aunque siempre me decías que no me querías molestar cuando venías a Pontevedra porque era un señor muy ocupado y tenía que levantar el país. Una mierda, José Luis, yo no quería ser un señor ocupado. Y menos si supiera que ya no iba a poder tomar más cafés contigo o nuestros pinchos de tortilla «en el bar de arriba del Hiperfroiz».
Sé que todo ha salido como tú y tu cuerpo tenían planeado, como siempre. Pero no puedo más que maldecir a la pandemia porque te robó tu droga que eran las personas a las que ayudabas por todo el mundo (aunque aún así lo hicieras de manera online increíblemente). En febrero de 2020 grabamos este vídeo poco antes de irnos a la WordCamp de Valladolid, que sería la última en mucho tiempo, planificando irnos a Las Palmas de Gran Canaria a aprender y disfrutar.
¿Y ahora qué hacemos sin ti, maldito? Has dejado escrita la llamada a ponentes de la WordCamp Pontevedra 2023 pero ¿cómo vamos a elegirlos sin tu ayuda? ¿Quién va a invitar a treinta voluntarios por toda España a venir y que luego tengamos problemas para elegirlos? ¡A los voluntarios! ¿Y quién los va a organizar con tu hoja de cálculo que nadie entiende? ¿Cómo hacemos los turnos? Y estas preguntas no nos las van a responder en el foro de soporte oficial, al que también has dejado huérfano después de tus más de seis mil respuestas para solucionar problemas a desconocidos, solamente por ayudar, como siempre.
Y sí, ficharemos a tu hijo, del que siempre hablabas con tanto orgullo, no lo vamos a dejar escapar aunque no tenga barba blanca y dé menos juego en las meetups navideñas. Pero nos has dejado el listón demasiado alto a todos. Lo haremos lo mejor que podamos, eso también lo sabes.

Siempre fuiste al límite y mucho más allá. Fuiste el ejemplo perfecto de lo que es comunidad. De dar sin esperar recibir. De poner por delante el bien de todos que el individual. Todos hemos aprendido mucho de ti. Incluso cómo elegir los alojamientos más extraños posibles en cada ciudad a la que viajábamos juntos.
Menos mal que para Valencia diste tu brazo a torcer y me dejaste elegir algo mejor de lo que me tenías preparado, si no, igual no lo contamos. Gracias por enseñarme los trucos de los aeropuertos y hacerme vivir cosas que no pensaba yo que unos simples bastones de caminar te podían enseñar, ya fuera gracias a AENA o gracias a una after party en tierras cántabras.

Me hizo mucha ilusión que vinieras a la meetup de mayo de 2023. Que te pillara la fecha entre ingreso e ingreso en el hospital. No te hice salir a hablar delante de todos porque ya te movías con dificultad, aunque sé que lo hubieras hecho de mil amores. Para decir tu presentación favorita «yo no soy nadie, yo no hago nada, solo vengo a estos eventos porque me aburro, y por si hay algo en lo que pueda ayudar».
Has ayudado a tanta gente que todos pueden escuchar estas palabras con tu voz. Para el que no te conociera, imaginaos que este señor se ofrecía a llevarme hasta Santoña en Navidades para que no tuviera que ir en autobús o en tren. Me decía «A ver, no es para tanto, son seis horas de coche para allá, y luego seis horas para acá… a la vuelta puedo parar a ver a alguien o desviarme por Valladolid o a Madrid o lo que sea…». Y lo decía en serio. Aunque nunca le dejé que lo hiciera, obviamente.

Y ahora ya no estás, y con quién voy a discutir sobre la palabra deputy y su traducción al español (que, por cierto, estamos a punto de cambiar). O sobre tu obsesión con que todos los ponentes usen Google Presentaciones (cómo me la colaste este año). O sobre cómo actuar ante ciertas situaciones y personas. Para mí esas veces que después de un par de días meditando me dabas la razón cuando ya no estabas en caliente eran enormes victorias, por raras y por de quién venían. Y cuando te tenía que dar yo la razón a ti… siempre fuiste un caballero, pero esa sonrisita de «sabe más el zorro por viejo que por zorro» no te la quitaba.
Te lo dije, José Luis, no te mueras porque ahora cientos de personas te van a querer homenajear y al final los que vamos a terminar trabajando somos nosotros. Que ya sabes que yo quería crear un fondo para poder pagar a voluntarios como tú los viajes a las WordCamps para ayudar, como tú siempre hacías. Que aunque no lo reconocieras, abriste muchas puertas a gente joven, mayor, hombres, mujeres, niños, con dinero o sin recursos a nuestra comunidad. Porque eras bueno con todo el mundo pero sabías reconocer a quien más ayuda iba a necesitar.
Y que me da mucha pena tener que escribir todo esto, joder. Es que mira que eres cabezón, como siempre. Maldito José Luis. Gracias por formar parte de nuestras vidas. Te vamos a echar mucho de menos. Mucho. Como siempre que no estabas. Como siempre.


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