Hoy ha sido uno de esos días sin sentido ninguno.
Que te paras a pensar un momento a las diez y media de la noche después de cargar otras cuatro cajas de la mudanza y te preguntas cuántas horas llevas despierto. Cuántas más vas a estar. Si fue hoy cuando estuviste en esa llamada que recuerdas de primera hora o si realmente no has podido responder apenas a nadie sus mensajes. ¿Qué día era el dentista? ¿La charla cuándo la vas a terminar? Y queda la cocina por empaquetar. ¿Cuántas notificaciones de Idealista llegarán mañana?
Ha sido lunes. Pero no un lunes más.
