El prompt de hoy es «Cuéntanos alguna vez que no te haya funcionado salir de tu zona de confort y qué aprendiste de ello». Toma ya.
Podría decir que el mayor esfuerzo que he hecho los últimos años para salir de esa supuesta zona es lo de hablar en público. Pero una vez que he pasado de querer morirme por tener que hablar delante de cuatro desconocidos a hacer el payaso hablando en inglés delante de dos mil, no cuenta como que ha salido mal (aunque han salido mal muchas cosas por el camino… ¡da para charla!).
Algo que sí hice e intento no repetir: dar clase. Presencial u online (peor la segunda).
Y diréis, pero Juan, en el fondo es muy parecido a dar charlas y compartir conocimiento. Qué va. No me gusta nada. Y se nota. Igual que se nota esa gente que lo tiene como algo vocacional y lo disfruta.
Probablemente tenga algo que ver con que nunca me he encontrado con un profesor que me fascinara y dijera «quiero explicar como él». Igual que sí me he encontrado a gente que daba charlas maravillosas y he dicho «quiero intentar hacer lo mismo». No digo que no haya tenido buenos profesores (que sí), pero si pienso en ellos recuerdo mucho más (pero mucho) a los que dejaron una marca negativa: por lo mal que se explicaban, por lo mal que te motivaban, porque directamente no aparecían y te dejaban un hueco en los conocimientos casi irreparables…
Así que todas las veces que he dado el paso y he dado clase, no creo que lo haya hecho muy mal, pero lo que se dice disfrutar… no lo he disfrutado. Me vuelvo a mi zona esa de comfort –que espero sea la cama a estas horas–.
