• Cambia el mundo con tu WordPress

    Cuando el año pasado me perdí la primera WordCamp Torrelodones por mi viaje a Atenas a ver la localización de la WCEU 2023, tenía muy claro que haría todo lo posible por estar en la segunda edición de este evento. Y cuando salió la llamada a ponentes, le estuve dando muchísimas vueltas hasta que encontré un tema con el que me sintiera lo suficientemente a gusto para volver a salir al escenario (mucho ha llovido desde WordCamp Valladolid 2020).

    Obviamente, un tema sencillito y con instrucciones muy claras: ¿Cómo cambiar el mundo con tu WordPress?

    Un asunto que viene de lejos

    Tan de lejos como esta charla que ya di en 2019 en la meetup de Las Palmas de Gran Canaria que es un poco la semilla de lo que quería contar esta vez aquí. Y es que cuando di esa charla ya estaba muy preocupado por algunos de los temas que quería tocar: privacidad, seguridad, inclusión, sostenibilidad, descentralización, accesibilidad…

    ¿Ha mejorado el mundo en estos cinco años? Bueno… hay cosas que han ido a mejor, hay cosas que han ido a mucho peor, y también hay iniciativas que se han creado para echar una mano (o todas las que haya) en algunos de estos campos.

    Pero, ¿cómo resumir en veinte (¡20!) minutos por qué hay que cambiar el mundo, qué podemos hacer, cómo podemos no desesperarnos y qué pasos podemos dar para conseguir nuestro objetivo? Pues… hablando rápido, ¡eso seguro! Y confiando en que a la gente le surjan chispas de curiosidad y consideren la charla un inicio, un disparo de salida para una carrera que aunque querríamos que fuera un sprint, es una maratón en toda regla.

    La presentación

    Primera hora de la mañana, un público desconocido (salvo esas primeras filas llenas de caras que siempre te dan tranquilidad antes de arrancar) y mucho que contar. Siempre que me ha tocado abrir una WordCamp me lo he tomado como un reto porque sirve para que mucha gente entienda un poco el tono de lo que viene después.

    No es solo explicar a hacer algo. Es animarles a entender que en veinte minutos es imposible aprender algo en profundidad y ese día se van a llevar un montón de píldoras de conocimiento que luego van a tener que seguir ampliando y trabajando después.

    Para romper el hielo un poco de «humor» (lo sé, es muy subjetivo) sobre los actuales banners de «o aceptas las cookies o pagas por dejar de verlas» que espero que pronto sean declarados ilegales por ir en contra del espíritu del RGPD. Para que pensemos un poco en cómo cualquier decisión puede mejorar o empeorar, como en este caso, la vida de millones de personas.

    Cambiar el mundo es también muy subjetivo. Puede que llegues a la charla pensando en acabar con los conflictos, el paro o los eventos climáticos extremos. O puede que pienses en cómo dejar de recibir spam en LinkedIn, que tu librería favorita no cierre o que lo de las cookies no sea un infierno. Son diferentes escalas y todas son correctas.

    Por suerte, como dijo Neo al final de Matrix… yo aquí no he venido a explicarte cómo termina esto, sino a decirte cómo empieza. Por suerte para mí, claro.

    Elige tus batallas

    No podemos solucionarlo todo a la vez, así que toca elegir dónde gastar nuestra energía y nuestro tiempo. En mi caso tengo dos batallas que libro a la vez (entre otras muchas) que quería destacar:

    • Una lucha personal contra los algoritmos que nos roban la atención. Una batalla continua para no encontrarme haciendo scroll infinito en los reels de Instagram antes de dormir.
    • Una lucha social contra las Big Tech que quieren todo nuestro contenido en sus jardines vallados, en sus redes sociales, para luego poder trazar perfiles y prácticamente dirigir nuestra vida.

    Algunos pensarán, «para luchas estoy yo». Pero es porque muchas veces no somos plenamente conscientes de lo que ya hacemos. Tal vez añades el texto alternativo a todas tus imágenes en redes sociales y tus webs porque has oído que es importante para la accesibilidad. Tal vez vas con tu botella de agua reutilizable a los eventos porque te preocupa la sostenibilidad. Igual evitas usar Analytics que trackean a los usuarios en tus proyectos porque te importa su privacidad (y no vas a utilizar esa información para nada). O cien ejemplos más sobre seguridad, inclusión, diversidad…

    Uno de los problemas que nos solemos encontrar cuando empieza a preocuparnos uno de estos temas es que enseguida nos damos cuenta de que es algo ENORME. Y que nuestra capacidad para cambiar el mundo es muy reducida. Es fácil desanimarse y decir… «total, pa qué…» y volvernos al sofá a hacer scroll en el móvil.

    Estos momento de crisis o bloqueo son fundamentales. Hay tanto que aprender. Y tanta gente interesada en que no lo hagamos…

    WordPress al rescate

    WordPress es el gestor de contenido más utilizado de Internet. Pero es mucho más. También puede ser el lugar donde vas a encontrar a tu gente, aunque tienes que aprender dónde buscarla. Una WordCamp puede ser ese lugar, pero también hay muchas maneras de hacerlo online.

    Si lo que te gustaría es ayudar a crear un mundo más sostenible, existe el equipo de sostenibilidad. Buscan mejorar la sostenibilidad social, ambiental y económica del proyecto, colaborando así con la sostenibilidad global.

    Algunos links interesantes:

    Si lo que te apetece es crear un mundo más accesible, tenemos el equipo de accesibilidad. Buscan mejorar la accesibilidad del núcleo de WordPress y de los recursos del proyecto.

    Un mundo mejor formado también es un mundo mejor. Aquí podemos englobar el equipo de formación (Training), que enseñan a la gente a utilizar, extender y contribuir a WordPress
    mediante la plataforma learn.wordpress.org. El equipo de documentación, que coordinan todas las iniciativas de documentación sobre WordPress, los manuales para usuarios y técnicos. Y el equipo de WordPress.tv, que ayudan a subir, revisar y publicar todos los vídeos de eventos de WordPress a la plataforma wordpress.tv.

    Quiza tu visión es que para tener un mundo mejor debemos ser más abiertos. Para esto está el equipo de comunidad, que ayudan y orientan al que quiera organizar meetups, WordCamps, hackatones, eventos, talleres… para hacer crecer la comunidad. O el equipo de traducciones, para poder utilizar WordPress en cientos de idiomas diferentes y hacerlo accesible a quien no sabe inglés. O muchos más equipos e iniciativas como marketing, diseño, soporte, fotografía, el núcleo (código), test, hosting, plugins, temas, meta, el proyecto de mentorías… ¡y más!

    Pero tú dijiste cambiar el mundo con TU WordPress…

    Lo sé. Pero sé lo importante que es encontrar personas de las que aprender, personas con las que compartir batallas, personas que te guíen o que te ayuden cuando estés cerca de rendirte. Muchos de los aprendizajes que se aplican a nivel global también pueden aplicarse a nivel personal.

    Si tu web con WordPress se preocupa de la privacidad, cumple el RGPD y no va regalando datos por ahí, sus contenidos son Creative Commons, utilizas tu sitio para no tener todo tu contenido solo en redes sociales, si tu web es accesible y carga rápido, si está optimizada y está alojada en servidores verdes… Si a tus clientes les explicas por qué usamos WordPress y los educas, o si haces tu web personal abierta a la IndieWeb… estás ayudando a que entre todos tengamos un mundo mejor.

    Y sobre esto último os quería yo hablar: de vuestro blog o web personal.

    Sí, he montado toda esta charla y todo este artículo solo para pedirte que escribas en tu blog personal.

    Lo sé. Me da igual.

    «Es que no me va a leer nadie». «Es que no tengo tiempo para escribir». «Es que no sé de qué puedo escribir». Las tres excusas principales que he escuchado (y hasta yo he dicho en algún momento) hasta aburrirme.

    Los blogs que nadie lee

    ¿Has mirado ahí fuera? Hay mucha gente hablando precisamente de esto. Hay newsletters sobre el mundo de los blogs, webs que son listados por temática de gente escribiendo sobre asuntos maravillosos. Hay gente que en su web tiene una sección de «Yo te leeré». Y ahí tendrás a tu primer lector. Y si todos nos comprometemos a ser lectores de los otros… el alcance ya es mucho mayor que… nadie.

    Echadle un ojo a todos estos enlaces, son maravillosos, por favor:

    Los ratos que no existen

    ¿Tienes una hora al mes para escribir? ¿Una-hora-al-mes? En Pontevedra nos juntamos en un coworking para escribir todos juntos. Únete online. O crea tu reunión. Inspira a otras personas. Deja que te inspiren. Con muy poco es suficiente para escribir algo. Y algo es más que nada. Y algo, es suficiente.

    Las ideas para entradas

    Tu primera WordCamp. Cosas que odias. Tu película favorita. Cosas que están mal. Batallas que quieres
    luchar. Acciones que vas ejecutando. Colaboraciones. Descubrimientos, intereses, crisis, aprendizajes.

    Cada uno de los títulos de cada página de la presentación son una idea para tu propio blog. Todos esos H1 que había marcado. Tienes para más de un año si escribes una vez al mes. ¡Vais a necesitar nuevas excusas!

    Y fin: las incongruencias

    Esto no va de o 100 o 0. No va de ser perfectos ni los héroes del mundo. Vamos a ser incongruentes
    Y no pasa nada. Yo he usado Midjourney para todas estas imágenes. Quemando CO2 y «robando» a autores. Lo admito y lo añado a mi lista de futuras mejoras.

    Lo importante es dar un primer paso. Ser consciente de todo. Y saber que no lo haces en soledad.

    Lo que sonaba mientras hacía la presentación

    Porque igual lo único que tenemos en común es la música y eso nos permite charlar de cualquier otro tema igual de interesante, aquí está la lista de las canciones que adornaba cada página de la presentación. Tienen algo de relación con la temática, pero es algo demasiado friki, así que no espero que le encontréis significado a todo.

    Cómo quedó la charla en vivo y en directo

    Gracias al equipo de Desafío Digital que hizo la grabación y al fantástico equipo de TV de la comunidad que he mencionado antes, la presentación estaba subida un par de días después de hacerla. Aquí la podéis ver de viva voz (que dirás, haber empezado por ahí y no me comía toda la entrada, ya…)

  • 2023: resumen del año

    31 de diciembre por la tarde, no he podido apurar más. Fiel reflejo de un año que se nos marcha y que, sinceramente, me deja un montón de sensaciones agridulces. Porque la mayoría de las cosas han salido bien, pero no las he podido disfrutar como me hubiera gustado. Tarea para el año nuevo.

    Bienvenidos al resumen de mi año 2023. Otro año más por aquí como en 2022, 2020, 2018, 2017, 2016, 2015, 2013 y 2012. Y, como siempre, dedicado a mi primo Chema, que tampoco hemos hablado tanto como debiéramos, pero al menos sabemos que estamos vivos de vez en cuando.

    🛫 El año de los viajes

    – ¡Cómo vives! ¡No paras!

    Efectivamente. Este año ha sido seguramente en el que más me he movido de toda mi vida y creo que es lo más destacable. Estuvimos Mónica y yo en Coruña con Leyre y David viendo la expo de Steven Meisel. Nos fuimos a Atenas en marzo a disfrutar de una ciudad sin turistas y temperaturas agradables. Después, encadené un viaje a París con Ibon a las oficinas de Weglot, la WordCamp de Barcelona con Weiko, Nahuai y Celi, la WordCamp de Lisboa, y la WordCamp Europe en Atenas con Wajari y Jorge.

    En verano estuve en Santander y Bilbao. Y en Washington DC para la WordCamp US y el Community Summit al que me invitaron. Después, vuelta a Pontevedra y terminar el año con una visita a Santoña para celebrar mis 40, un par de viajes a Madrid y uno a Turín.

    Sobre el papel, suena fantástico. Sobre la realidad –y sin contar con la huella de carbono de tanto avión– fue agotador y algunos de esos viajes no los disfruté ni el 10% de lo que me hubiera gustado.

    🏕️ Volví de festival (como antes)

    Este año ví a Interpol en Santiago, a La La Love You en Vigo, volví a ver a Muse (con mi sobrina Carolina, y en Santander, quién me lo iba a decir), y si no contamos el genial Surfing the Lérez en Pontevedra, estuve en un festival como hacía años (unos quince) que no lo hacía: el BBK Live en Bilbao.

    De regalo de verano de los dieciocho de mi sobrino Dani nos plantamos (en el glamping, tampoco nos flipemos) en Kobetamendi dispuestos a hacer un montón de amigos (todos llamados Antonio, curiosamente, ellos y ellas) y disfrutar de un montón de conciertos. Fue lo más relajante que hice en todo el año, irónicamente. Geniales Florence + The Machine, Phoenix, Arctic Monkeys, y un montón de descubrimientos que me acompañaron el resto del año como Arde Bogotá, La Plazuela, Morgan o Friolento. Las anécdotas de Duki o de Rojuu mejor en persona y con cervezas.

    Tanto me ha emocionado que a mis cuarenta pueda irme de festival sin morir en el intento que ya tengo planificado ir al FIB en 2024 a ver a los Libertines. Poca broma. El último FIB al que fui fue en 2007, que todavía no tenía ni este blog.

    🏋️ Lo de la salud

    A mediados de abril, porque no hay mejor momento para lo de los propósitos que una fecha aleatoria, decidí apuntarme al gimnasio con un entrenador personal. Y ahí sigo yendo, sin falta, cada semana. Hábito creado. Ya no me ahogo subiendo dos pisos de escaleras, lo que está bien. Pero me sigo ahogando jugando un partidillo de basket en el que tenga que saltar más de dos veces seguidas.

    He adelgazado la totalidad de cero gramos y no me gusta nada cómo salgo en las fotos. ¡Por eso pongo caras raras! Sigo con colesterol alto, en julio casi me reviento un tríceps por bruto y en agosto mezclé el jet lag, un resfriado y agotamiento extremo para pasarme una semana y media casi sin poder salir de la cama.

    Y es que lo que peor he llevado este año ha sido, igual que en el anterior, la parte mental de la vida. Ahora que se habla mucho de salud mental parece que no hay problema con decirlo, y me alegro. Siempre he sido algo caótico (aunque viva rodeado de listas), pero este año me han faltado herramientas para gestionar un montón de situaciones en las que se juntaban cosas que estaban en mi mano con otras que no. No lo he hecho bien.

    Y es algo que ojalá en el post del año que viene pueda celebrar, igual que lo del gimnasio: comer bien, dormir, concentrarme y no dejarme arrastrar por la bola de nieve que me ha llevado por delante varias veces este año con su estrés y su ansiedad.

    🎅🏻 Lo de José Luis

    Este año escribí un único post en este blog y, lamentablemente, fue para despedirme de José Luis. Coincidiendo con la vuelta de la WordCamp Europe en junio decidió que era el momento de terminar la partida. Te he echado mucho de menos el resto del año, maldito. Eras un Pepito Grillo muy sabio. Y no lo he llevado nada bien. Tanta gente nos habíamos acostumbrado a tenerte siempre ahí que dejaste un agujero más grande que tu inmenso corazón.

    💙 La gente de WordPress

    A principios de diciembre estuve en Madrid para el State of the Word, un evento en el que el cofundador de WordPress, por primera vez fuera de EE.UU., comenta cómo ha ido el año y lo que viene en el futuro de la plataforma con la que ya sabéis que trabajo día a día.

    Lo excepcional del evento no fue lo que contó, sino la gente que se juntó allí. Desde las personas que conocí en mi primer evento, las de mi comunidad local gallega, las que me aguantan semana a semana en chats y vídeo llamadas, y las que he ido conociendo en estos siete años desde que decidí involucrarme con un montón de gente maravillosa en este proyecto.

    Mención especial a Rocío, no solo por organizarlo todo, sino por ser esa persona que siempre te da el empujón hacia el lugar que ya sabes que es correcto pero que por multitud de factores no te atreves a dar el paso. Gracias.

    🪂 El (otro) trabajo

    En 2023 seguí arrastrando varias situaciones terribles (y algunas poco profesionales por mi parte, lo sé) que ya se habían presentado en años anteriores. Es tal la cantidad de historias en las que estoy metido que muchas veces he sentido que tenía dos trabajos a jornada completa. Y eso provoca que no hagas ninguno bien.

    Mi exceso de optimismo con los plazos y mi falta de descanso y de preocupaciones externas hizo que varios clientes (dos, en particular) sigan a día de hoy acordándose de mí en no muy buenos términos. Lo arreglaremos en 2024, no queda otra. Con muchos otros (y con Manoly, que ya me conoce de sobra) la experiencia ha ido rodada.

    Aún así, en 2024 mi plan es quedarme solo con los mantenimientos web y hacer muy muy poco proyecto (por no decir ninguno), porque… no voy a tener tiempo.

    Y es que el objetivo para este año es trabajar más con mis queridos franceses de Weglot y el Five for the Future para mejorar el proyecto WordPress desde dentro. Ya hemos hecho bastante este año, pero creo que va a ser el momento de apostar fuerte por ello.

    🎬 WordCamp Europe & Pontevedra

    Relacionado con esto último, algo que ya sabía en el resumen del año pasado pero no quise contar a nadie para mantenerlo en secreto: soy uno de los tres organizadores líderes de la WordCamp Europe (junto con Wendie y Takis). El evento más grande de WordPress del mundo se celebrará a mediados de junio en Turín, Italia. Y ahí estoy yo a la cabeza de un fantástico equipo de 80 voluntarios que organizan una fiesta para 3000 personas. Es increíble para un freelance como yo el aprendizaje de gestionar a tanta gente y tantos factores. Me parece pura magia.

    No es lo mismo, obviamente, que la WordCamp Pontevedra, que celebró este año su cuarta edición en septiembre con más de 250 personas, última bajo la presidencia de mi amado Wajari, que cedió el bastón a nuestra querida Sabela. Estoy seguro de que la quinta edición va a ser aún más memorable. Me dais la vida de lo majos que sois y la suerte que he tenido en encontraros a todo el equipo organizador en Pontevedra y Galicia en general.

    📒 Otros detalles

    Se me olvidan cosas, por supuesto. Si hubiera escrito en este blog, no me pasaría. Mal. Incluso si hubiera publicado en alguna red social, podría revisar. Pero tengo esa relación de amor/odio que debo revisar también. Este ha sido el año en el que no te sabría decir si he visto más de una película, escuchado más de diez podcasts, leído más de un libro físico, o visto alguna serie. No tiene sentido. Con lo que disfruto todas esas cosas.

    El único hobby al que no he fallado semana tras semana ha sido a ver los partidos del Celta con Mónica (menudo centenario que llevamos) y del Racing (sorprendentemente, la nota positiva). Y he vuelto a jugar a un juego online donde he conocido a gente fantástica este año también, me he reencontrado con viejas amistades (Paaal xO) y me lo he pasado en grande experimentando con Midjourney (¿pensabais que iba a hacer un resumen del 2023 sin mencionar a alguna inteligencia artificial?).

    🚀 Propósitos de 2024

    No suelo marcarme muchos propósitos porque es el primer paso para no cumplirlos. Me gustaría que el resumen del 2024 fuera diferente al de estos últimos años. Que la palabra estrés, ansiedad o decepción no estuvieran presentes. Que me centrase en hacer unas pocas cosas bien y no setenta y siete a medias.

    Entre mis propósitos está escribir mucho más por aquí, y en general. Eso sería una gran victoria. Y mejorar las rutinas y hábitos para que en las fotos de la WCEU de junio me guste un poco más. También centrarme más en la comunidad local de WordPress y ayudar a cuanta más gente mejor. Y seguir creciendo en el equipo global. Disfrutar más los viajes y hacer muchas más fotos. Tomar más cafés con gente. Y viajar con Mónica por España.

    Y mi mayor deseo, que la gente que quiero tenga la salud que le ha faltado, y que todos podamos vivir un año sin sobresaltos -que cada vez es más difícil-. Vamos allá 2024, ¡con mis cuarenta tacos voy a por ti!

  • José Luis, como siempre

    Mira que te lo dije. Que no te murieses, joder. Que si lo hacías, tú te quedabas tranquilo pero el trabajo que nos ibas a dar a los demás… Pero tú, como siempre, haciendo las cosas a tu manera. Y aquí estoy, escribiéndote una entrada en el blog en lugar de estar haciendo el resumen de la WordCamp Europe (o de la de Lisboa, o de la de Barcelona, en las que TODO el mundo me preguntaba por ti nada más verme).

    Te conocí en la meetup de WordPress Pontevedra de mayo de 2017, tal y como cuenta Wajari en su fantástico post. Tu entrada fue singular, como siempre. África del coworking Arroelo me vino a avisar que había «un señor mayor con unos bastones» que venía al evento y si le dejaba pasar, porque todavía faltaba una hora para empezar. Yo estaba aún colocando sillas, preparando la mesa del picoteo, y le dije que sin problema.

    Y ahí llegaste tú, con un gorro de pescador, dos bastones de caminar, unos tirantes, una faja para mantener tu cuerpo con forma humana y un acento extraño: «Disculpe que llegue antes de tiempo, pero no sabía cuánto iba a tardar desde donde dejé el coche aparcado y por eso vine antes. ¿Puedo ayudar en algo? ¿Coloco sillas?». Cómo te iba a dejar cargar con sillas si parecía que te ibas a desmontar al tercer paso. Estuvimos una hora charlando hasta que llegó el resto de la gente. Bueno, estuviste una hora hablando tú, probablemente, como siempre.

    Mes a mes, el señor mayor que hablaba mucho se fue convirtiendo en una parte importante de mi vida. Y de la de todos a los que conoció en el grupo. ¿Necesitabas algo? Ahí estaba. ¿No necesitabas nada? Ahí estaba también, por si acaso.

    Y así, sin darnos cuenta, te habías convertido en nuestra familia. Íbamos de ruta por las meetups de Galicia. Viajes infinitos hasta Ourense (con paradita en Cea), hasta Santiago, hasta Vigo (sí, lo hacías infinito también si te dejábamos). Y pronto descubriste lo de las WordCamps. Ay, las WordCamps. Cómo te cambiaron estos eventos, ¿eh? Conociste a cientos de personas por todo el país y las asombraste con tu trabajo incansable, tus anécdotas, tus recuerdos y tu sonrisa.

    José Luis en una WordCamp haciendo lo que mejor sabía hacer: voluntarios, logística y ayudar en todo
    José Luis en una WordCamp haciendo lo que mejor sabía hacer: voluntarios, logística y ayudar en todo

    Pero ¿sabes qué era lo que más nos gustaba a tu familia pontevedresa? Cuando luego volvías a tomarte unas cañas o un café con nosotros y gruñías y te quejabas. Porque nuestro José Luis era un gruñón. Pero solo de puertas hacia dentro. Y claro, qué más queríamos nosotros para chincharte a la mínima.

    Me empezaste a llamar «Ilustrísimo Señor Hernando, Conde das Rías de Pontevedra e Vigo y futuro Marqués das Rias Baixas y Señor de Braga». Después pasamos a «Juan, de apellido Hernando, Conde de Pontevedra, Marques das Rías Baixas e parte das Altas». Tú también eras un burlón, claro. Te has ido sin verme con el siguiente mote. Fui el Presidente de Pontevedra, el Presidente Emérito y ahora ni más ni menos que el Presidente de Europa.

    Sé que estás orgulloso de mí, sobre todo de mi capacidad de meterme en berenjenales cada vez más grandes con esa inocencia de poder cambiar cosas a mejor y de hacer lo que no se puede hacer porque nadie nos había dicho que era imposible. Y pasándolo bien. Ese fue siempre nuestro plan. Y no se nos dio nada mal, ¿no?

    Me acuerdo viajando a la WordCamp de Porto en 2018 los dos en tu furgoneta donde empezaste a contarme todos los trabajos que habías hecho en tu vida. Hubiéramos necesitado cincuenta viajes más para que me lo contases todo. Qué tío.

    De aquella estábamos planeando nuestra primera WordCamp en Pontevedra y buscando dinero de patrocinadores. Cuando te acercaste a una persona de Yoast (que ni siquiera era trabajador, pero a ti te daba igual, como siempre) y le dijiste «we want your money, your money», casi me da mal. Y quién te iba a decir que luego ellos te iban a dar quinientos euros que te gastaste en gasolina, ¿te acuerdas?

    No podría escribir todas las anécdotas y todos los recuerdos que tengo contigo porque sabes que son demasiados. Y yo, un poco vago. Aunque siempre me decías que no me querías molestar cuando venías a Pontevedra porque era un señor muy ocupado y tenía que levantar el país. Una mierda, José Luis, yo no quería ser un señor ocupado. Y menos si supiera que ya no iba a poder tomar más cafés contigo o nuestros pinchos de tortilla «en el bar de arriba del Hiperfroiz».

    Sé que todo ha salido como tú y tu cuerpo tenían planeado, como siempre. Pero no puedo más que maldecir a la pandemia porque te robó tu droga que eran las personas a las que ayudabas por todo el mundo (aunque aún así lo hicieras de manera online increíblemente). En febrero de 2020 grabamos este vídeo poco antes de irnos a la WordCamp de Valladolid, que sería la última en mucho tiempo, planificando irnos a Las Palmas de Gran Canaria a aprender y disfrutar.

    Un vídeo nuestro invitando a la gente a la WC de Las Palmas que nunca se pudo celebrar

    ¿Y ahora qué hacemos sin ti, maldito? Has dejado escrita la llamada a ponentes de la WordCamp Pontevedra 2023 pero ¿cómo vamos a elegirlos sin tu ayuda? ¿Quién va a invitar a treinta voluntarios por toda España a venir y que luego tengamos problemas para elegirlos? ¡A los voluntarios! ¿Y quién los va a organizar con tu hoja de cálculo que nadie entiende? ¿Cómo hacemos los turnos? Y estas preguntas no nos las van a responder en el foro de soporte oficial, al que también has dejado huérfano después de tus más de seis mil respuestas para solucionar problemas a desconocidos, solamente por ayudar, como siempre.

    Y sí, ficharemos a tu hijo, del que siempre hablabas con tanto orgullo, no lo vamos a dejar escapar aunque no tenga barba blanca y dé menos juego en las meetups navideñas. Pero nos has dejado el listón demasiado alto a todos. Lo haremos lo mejor que podamos, eso también lo sabes.

    José Luis y sus mosqueteros, eligiendo ponencias en casa de Sabela
    José Luis y sus mosqueteros, eligiendo ponencias en casa de Sabela

    Siempre fuiste al límite y mucho más allá. Fuiste el ejemplo perfecto de lo que es comunidad. De dar sin esperar recibir. De poner por delante el bien de todos que el individual. Todos hemos aprendido mucho de ti. Incluso cómo elegir los alojamientos más extraños posibles en cada ciudad a la que viajábamos juntos.

    Menos mal que para Valencia diste tu brazo a torcer y me dejaste elegir algo mejor de lo que me tenías preparado, si no, igual no lo contamos. Gracias por enseñarme los trucos de los aeropuertos y hacerme vivir cosas que no pensaba yo que unos simples bastones de caminar te podían enseñar, ya fuera gracias a AENA o gracias a una after party en tierras cántabras.

    Nuestra última WordCamp juntos en Valencia, con aventura aeroportuaria incluida
    Nuestra última WordCamp juntos en Valencia, con aventura aeroportuaria incluida

    Me hizo mucha ilusión que vinieras a la meetup de mayo de 2023. Que te pillara la fecha entre ingreso e ingreso en el hospital. No te hice salir a hablar delante de todos porque ya te movías con dificultad, aunque sé que lo hubieras hecho de mil amores. Para decir tu presentación favorita «yo no soy nadie, yo no hago nada, solo vengo a estos eventos porque me aburro, y por si hay algo en lo que pueda ayudar».

    Has ayudado a tanta gente que todos pueden escuchar estas palabras con tu voz. Para el que no te conociera, imaginaos que este señor se ofrecía a llevarme hasta Santoña en Navidades para que no tuviera que ir en autobús o en tren. Me decía «A ver, no es para tanto, son seis horas de coche para allá, y luego seis horas para acá… a la vuelta puedo parar a ver a alguien o desviarme por Valladolid o a Madrid o lo que sea…». Y lo decía en serio. Aunque nunca le dejé que lo hiciera, obviamente.

    La última meetup a la que viniste: mayo de 2023, justo seis años después de conocerte
    La última meetup a la que viniste: mayo de 2023, justo seis años después de conocerte, y tus bastones saliendo de mi cabeza

    Y ahora ya no estás, y con quién voy a discutir sobre la palabra deputy y su traducción al español (que, por cierto, estamos a punto de cambiar). O sobre tu obsesión con que todos los ponentes usen Google Presentaciones (cómo me la colaste este año). O sobre cómo actuar ante ciertas situaciones y personas. Para mí esas veces que después de un par de días meditando me dabas la razón cuando ya no estabas en caliente eran enormes victorias, por raras y por de quién venían. Y cuando te tenía que dar yo la razón a ti… siempre fuiste un caballero, pero esa sonrisita de «sabe más el zorro por viejo que por zorro» no te la quitaba.

    Te lo dije, José Luis, no te mueras porque ahora cientos de personas te van a querer homenajear y al final los que vamos a terminar trabajando somos nosotros. Que ya sabes que yo quería crear un fondo para poder pagar a voluntarios como tú los viajes a las WordCamps para ayudar, como tú siempre hacías. Que aunque no lo reconocieras, abriste muchas puertas a gente joven, mayor, hombres, mujeres, niños, con dinero o sin recursos a nuestra comunidad. Porque eras bueno con todo el mundo pero sabías reconocer a quien más ayuda iba a necesitar.

    Y que me da mucha pena tener que escribir todo esto, joder. Es que mira que eres cabezón, como siempre. Maldito José Luis. Gracias por formar parte de nuestras vidas. Te vamos a echar mucho de menos. Mucho. Como siempre que no estabas. Como siempre.

  • Historias de mi abuela

    Sabéis que este blog mezcla perfectamente artículos personales y profesionales. Este es muy personal. Aunque alguno de los lectores del mundillo WordPress ya «conocían» a la protagonista: mi abuela. Y es que en junio de 2019 di una charla en la WordCamp Irun en la que contaba cómo había sido (más o menos) mi vida profesional desde que me di de alta como autónomo allá por 2011. Y me basaba en algunas de las frases más repetidas por la señora madre de mi madre como (spoiler) «tú sé buena persona», «tú haz bien y no mires a quién», «si ganas cinco pesetas, gasta dos y ahorra tres» o «cuídate, hijo».

    Tenía otra frase que no podía encajar en ningún sitio y que Mónica tiene que sufrir continuamente cuando yo la repito, y es que cuando le respondías «¿y qué?» te decía «Iqué y Chuchi eran dos primos míos». Nunca supe quiénes eran estos señores, la verdad.

    La cuestión es que a sus 95 años, el pasado viernes nos dejó.

    Abuela, que he estado un año entero sin ir a verte por el maldito COVID y ahora que empezaban a vacunar a todo el mundo, tú te has cansado de esta vida. Y todo tan rápido que no me has dejado ni tiempo para acercarme a despedirme. Que sé que no te importa, porque total, solo me hubieras dicho «Yo estoy como una reina, y tú, cuídate, hijo». Y a Mónica también, «cuídate, hijo». Siempre igual, ¿eh?

    No todos los abuelos son iguales. Igual no es bonito decirlo, tal vez, pero todos los que estáis leyendo esto lo sabéis. Por cercanía, por circunstancias, por vivencias… los que hemos tenido suerte de tenerlos y vivirlos, sabemos de ese que es especial. Yo a mis abuelos no llegué a conocerlos. Y mi otra abuela cuando yo tenía menos de diez años empezó con el terrible Alzheimer y mis recuerdos con ella son muy distintos.

    Pero Tita Cedes… fue abuela a tiempo completo. Y por eso quería rendirle un pequeño homenaje aquí, más que nada porque hay muchas historias que lamentablemente se las lleva el tiempo y si no quedan escritas, desaparecen. Me hubiera encantado compartirlas con mi familia la semana pasada, pero no pudo ser. Ojalá un día en el futuro podamos sentarnos mi prima María, mi primo Chema y yo a refrescarnos la memoria los unos a los otros.

    Y es que sí, sé que mi madre, mis hermanos, mis tíos, mis tías, mis primos… todos lo están pasando mal, es normal. Pero creo que nosotros tres la vivimos diferente. No fue una madre, no fue «la otra» abuela, no fue una suegra o una tía, no nos pilló mayores, ni demasiado pequeños, ni a ella muy joven o ya muy mayor… fue nuestra ABUELA con mayúsculas.

    Cuando yo era pequeño, mis tíos de Gijón venían a pasar el verano a Santoña y solíamos ir todas las mañanas a la playa de San Martín, o a la escollera, o a la rampa. Y mi abuela nunca venía. «Porque no tengo bañador, hijo». Y yo le dije que cuando fuera mayor aprendería a coser y le haría uno para que pudiera venir. Obviamente ella no venía porque no le daba la gana y yo, aparentemente, aún no me he hecho mayor, porque excepto un botón, no he cosido más en mi vida.

    Las horas y horas y horas que pasamos en su patio son incalculables. Jugando al fútbol intentando que la pelota no se fuera al jardín donde tenía plantadas las flores. Jugando al fútbol intentando que la pelota no se clavara en las plantas de los pinchos. Jugando al fútbol intentado que la pelota no pasara por encima del muro a casa del vecino (qué mal nos llevamos siempre). Jugando al baloncesto intentando canastas imposibles subidos en el pozo o en la pila. Rescatando pelotas del tejado del cortijo. Jugando al golf por la canaleta. ¡Jugando a los bolos! Entrando de estrangis en el jardín a recuperar la pelota que se había quedado debajo de la higuera. Haciendo carreras. Sentados en la mesa debajo de la sombrilla viéndola jugar a las cartas con su hermana, nuestra tía Panchi. Siempre a la brisca. Siempre.

    Pensaréis que mi abuela vivía en una mansión para tener un patio en el que hacíamos tantas cosas. Pero su casa tenía unas plantas de 1,80 metros de alto y el patio debía tener ocho metros de largo y cuatro de ancho en la parte donde no estaba el cortijo. Que no sé por qué lo llamábamos el cortijo. Pero bueno. Eramos pequeños y no necesitábamos mucho sitio para nada.

    En este patio vivió un verano Güichibiricoqui, un pato. Y otra vez un pollito naranja que duró un día. Qué paciencia tenía esta mujer. Allí también guardábamos las bicis con las que aprendimos a montar. Mis primos una vez subieron al monte y lo que pasó a continuación les sorprenderá. Pero eso que lo cuenten los implicados si gustan. Ay.

    Mi abuela me iba a buscar muchas tardes a la salida del colegio, me llevaba a la plaza de San Antonio a jugar (aunque yo no quería ir, y luego cuando ya estaba allí, no quería volver a casa). Se sentaba en el banco de las abuelas con sus amigas (o con abuelas random, no lo sé, siempre dimos por hecho que serían amigas) y nos contemplaban. A veces dábamos paseos y alguna vez con suerte tenía que comprar algo en la panificadora y me compraba unas galletas. O le pedíamos cinco duros para ir a comprarle algo a Moro cuando iba con su carrito por el Pasaje lleno de chucherías y bolsas de pipas.

    La mayoría de mis mejores amigos han jugado en casa de mi abuela. Íbamos al salir de misa (no me juzguéis, al menos yo no fui monaguillo, ejem, Pedro, Miguel Ángel…), un día por la tarde de fin de semana, incluso al salir del instituto, anda que no jugué con Dani al fútbol con una pelotuca…

    Y los highlights. Y no me refiero a sus albóndigas, ni a sus patatas fritas, ni a su tarta de chocolate, ni a su leche frita. Sino a las historias que la perseguirán siempre. Como el día que se lió a paraguazos con un chaval del pueblo que quería pegar a un amigo mío a la salida del colegio. Apareció por allí, pero no a poner paz, sino a ganar la guerra. La súper abuela la llamaban al día siguiente en el colegio. Vaya momentazo.

    O cuando se pegó un hachazo en la mano cortando leña para la lumbre. Y aunque tenía un dedo colgando y todo ensangrentado, decidió que como iba a estar bastante tiempo fuera de casa, lo primero era ir a la cocina y apagar la televisión y las luces, antes de pedir a los vecinos que la llevaran a urgencias, no fuera a ser que se quedara algo encendido y gastando.

    La foto que preside esta entrada es del día de la celebración de las bodas de oro de mis padres. Ese día tenía una Polaroid y fui sacando fotos, haciéndome un selfie con ella que quería que me firmara. Primero, no me lo firmó (era de lo poco que sabía escribir, su nombre, y ya se le había olvidado) y segundo, miró la foto, me miró a mí, y me dijo «Yo no soy esa, ¿quién es esa vieja? ¿Cómo voy a ser yo? ¡Si es una vieja!». Ay abuela, cómo ha pasado el tiempo.

    Sé que hay mil anécdotas más y ojalá irlas escribiendo en los comentarios para que no se olviden. Esas fiestas del Carmen en Santoñuca cuando sonaba la Lambada y un animador hizo un concurso para ver qué niño llevaba el sujetador de abuela más grande (¡no nos dejaron participar nuestros padres!). Los paseos hasta casa de Velín, o de Mari la de Cué, o saludar a Currinchi en las 3 bes. O intentar entender cómo conducía Miro si solo tenía un brazo. O saludar a Genaro desde el patio cuando pasaba con su bici (en serio, ¿cómo subía ese hombre al monte con esos tres hierros?).

    O cuando para un trabajo del colegio me decías los nombres de todas las plantas de tu jardín y eran «los pendientes de la virgen», «las espinas de cristo» y yo te miraba con cara de «esta señora me está tomando el pelo». O cuando bajábamos las escaleras de la casa sentados de culo por si acaso nos caíamos.

    O ese día en que me llevaste a votar cuando yo era muy fan de Alfonso Guerra porque me parecería bien el color rojo de un cartel, supongo que por el 93. O cuando me enseñaste a jugar a la brisca sobre tu falda en la sala de estar de mi casa mientras mi madre cosía. O cuando nos contabas en Nochebuena mientras se reían tus yernos las historias de los montes que habías recorrido con la cesta en la cabeza cuando oías el tren por Treto y llegabas a Cicero caminando.

    Tantas historias que nunca olvidaré…

    Gracias abuela por todo lo que me enseñaste y por todas las historias. Yo me cuido, lo prometo. Y sé que nunca llegaste a entender la magia de las tecnologías que permitían que te viera desde el ordenador cuando estaba lejos. Pero… ¿y qué?

    Y Chuchi, eran dos primos de mi abuela.

    Fediverse reactions
  • Cómo Raül López cambió la vida a un chaval de Santoña

    En 1998, nada era como hoy

    El 30 de abril de 1998, con poco más de 18 años, Raül López debutaba en la ACB con mi equipo de toda la vida, el Joventut. Por esas fechas yo aún no había cumplido 15 y, aparte de estar todo el tiempo que podía echando unas canastas en las pistas de las monjas o en el Secadero, tenía un módem de 28.800 baudios que hacía ese ruido tan característico al conectarse a la red. A Internet. No había mucho que hacer por allí, suscribirse a alguna lista de correo electrónico y navegar por alguna web que encontrabas en Geocities o buscando en Altavista. Aún faltaban muchos años para que Google llegara a su apogeo y lo más revolucionario era Hotmail, que acababa de ser comprada por Microsoft.

    Mi hermano, que era el que siempre puso la tecnología en casa, dejó caer una de esas revistas de ordenadores que venían con un CD de demos de programas. Uno de ellos era el FrontPage. Un programa para hacer páginas web que no parecía nada complicado: una tabla por aquí, un texto por allá, unas negritas, un par de gifs, un botón de optimizado para Internet Explorer a una resolución de 800×600 y ya estaba. Luego subías los archivos a un alojamiento gratuito en la red y voilá, tu web ya estaba disponible para todo el mundo. En ese momento me pregunté, ¿de qué puedo hacer yo una página web?

    Al principio pensé en lo más cercano, mi propio pueblo: Santoña. Podía hacer una web para contarle al mundo lo bonito que era. Luego pensé que eso era un proyecto algo aburrido, porque una vez creara las páginas, ya se habría terminado, el pueblo no iba a cambiar. Quería algo que me tuviera más entretenido. La NBA siempre ha sido una pionera en la red y ya en aquella época era una de las páginas que más visitaba porque se actualizaba cada poco. Baloncesto. Es mi otra gran pasión. La Penya. La cantera. Algún jugador. Mi próximo Villacampa. ¿Cómo se llamaba el chico este que había debutado el otro día con el primer equipo? Raül.

    La famosa web de Raül López

    Y así, con los datos de un par de partidos, su ficha personal, una foto y un fondo que simulaba el parquet de una cancha, empezó el proyecto de la web de Raül López. En aquella época, para dar a conocer una web tenías que darla de alta en directorios especializados, en plan Webs de deporte – de baloncesto – jugadores y así la gente interesada en ese tema, llegaba a ellas. Para mi sorpresa, los primeros meses recibía bastantes visitas y eso me animaba a seguir actualizándola. No recuerdo la cronología exacta de lo que fue ocurriendo pero sí los mejores momentos:

    • Recuerdo un día que la familia de Raül, creo que un hermano, me contactó por correo, porque les gustaba lo que estaba haciendo y colaboraron mandándome fotos de cuando era pequeño y jugaba en su Vic natal.
    • Recuerdo la noche en que me entrevistaron en Radio Ciutat de Badalona para preguntarme cómo se me había ocurrido hacer esto y cómo lo hacía. Me pusieron con Raül en directo y no sabía ni qué decir, estaba atacado.
    • Recuerdo conseguir que entrenadores como Aíto García Reneses o Pedro Martínez me contestaran correos para darme sus impresiones sobre Raül, su proyección y sus capacidades.
    • Recuerdo hablar con él más tranquilamente y cómo me invitó a un torneo en Torrelavega previo al famoso Mundial Junior de Lisboa’99. Ahí fui con dos amigos que pudimos ver a esos chavalitos como Navarro, Felipe Reyes y un tal Pau Gasol jugando en un pabellón semivacío.
    • Recuerdo ver la semifinal y la final de ese Mundial con mi familia todos juntos delante de la tele, porque era la selección y porque jugaba el chico ese de la página web.
    • Recuerdo los partidos de la Penya contra el Cantabria Lobos. El día que pude ir a verlos entrenar y hablar con Raül, Julbe y hacer que todo el equipo me firmara un balón de basket (vaciles de Andreu y Swinson incluidos).

    Recuerdos de Raül

    • Recuerdo ir cada semana a comprar la Gigantes y hasta comprar El Mundo Deportivo por si salía alguna entrevista o artículo sobre Raül y poder enlazarlo en la página web.
    • Recuerdo hacer amigos en Badalona, una ciudad a más de 600 kilómetros de mi casa. Gente que me ayudó con la web, gente que me envió vídeos, gente que compartía mi pasión por la Penya y entendían a un chaval que vivía tan lejos (y a algunos que pude conocer finalmente en el 2014).
    • Recuerdo cuando publicaron una carta de mi amigo Nacho en Gigantes hablando de la web y cuando sin esperarlo, hablaron de la página en Generación+, el programa de Andrés Montes y Epi. ¡Y dijeron mal la dirección! ¡Y la página estaba caída! Pero aún recuerdo cómo me iba el corazón cuando lo vi en directo.
    • Recuerdo la noche del draft del 2001 cuando fue seleccionado por Utah Jazz en el puesto 24, siguiéndolo en directo por la red y mandándole un SMS para felicitarle.
    • Recuerdo su lesión, con la que me entristecí y pude hablar con él días después para ver qué tal iba.
    • Recuerdo el verano en que se marchó a mi club menos favorito, el Real Madrid, el equipo de toda mi familia y contra el que yo siempre iba. Los jaleos de Florentino Pérez, los derechos de imagen que estaban de moda y el tener que quitar lo de ‘Web Oficial’ de la página.
    • Recuerdo sus partidos en la NBA. ¡En la NBA! El tercer jugador español en la historia en jugar allí. Un chaval que apenas era un par de centímetros más alto que yo pero que había trabajado lo indecible para llegar a lo máximo.

    Después podemos decir que nuestras carreras se separaron. Él estuvo en Girona, Madrid, Khimki y Bilbao. Yo pasé a la universidad y mi tiempo libre para mantener la web se redujo y terminó por desaparecer. Y de ahí a Brno, Valencia y Marín. Siempre he seguido su trayectoria, pero ahora es mucho más fácil con todos los periódicos online, cientos de vídeos resúmenes en YouTube y las redes sociales. Antes, cuando había que recolectar docenas de revistas y periódicos y escanearlos, o tener un amigo con una capturadora de vídeo que pasase esos mini resúmenes de la televisión catalana a formato .mpeg o .avi… ¡eran otros tiempos! ¡Batallitas del abuelo!

    Y de repente, Raül se retira y yo tengo una empresa

    Este domingo Raül jugará su último partido en Badalona, donde espero sea recibido con una histórica ovación. Han pasado 18 años desde su debut y yo tampoco soy ya un crío. Creo que Raül puede estar orgulloso de todo lo que ha conseguido durante su carrera. Y, aunque no lo sepa, también puede estarlo indirectamente de lo que provocó en mí.

    Después de la web de Raül López vinieron muchas otras páginas web. Aprendí todo el HTML que había que aprender. Aprendí Flash y ActionScript. Aprendí CSS. Aprendí Javascript. Aprendí WordPress. Y sigo aprendiendo. ¿Cómo no iba a hacerlo? Internet permitió que el chaval que mandaba callar a toda la familia cuando en Tablero Deportivo de RNE repasaban los marcadores de la ACB para saber cómo había quedado el Joventut, conociera a su ídolo, a los jugadores de su equipo favorito, fuera entrevistado en radio, apareciera en los programas más importantes de basket del país, intercambiara emails con entrenadores míticos, tuviera entradas y camisetas regaladas siempre que quiso y consiguiera todo lo que quería.

    Ahora llevo todo eso que aprendí a los clientes de Vertixe para que tengan unas webs estupendas, pero sobre todo, para intentar que ellos también consigan lo que sueñan, sea vender, sea ganarse la vida, sea lo que sea. A algunos os parecerá una historia absurda o difícil de creer, o que me he venido arriba uniendo los puntos hacia atrás como decía Steve Jobs, pero es seguro que si no me hubiera enganchado en su día a las páginas web con la de Raül, hoy no sería un desarrollador que se gana la vida con esto.

    ¡Muchas gracias por tu magia, Raül! Y si algún día lees esto, te cambio el tomar unas cañas en algún lugar del país por un archivador lleno de fotos, entrevistas y revistas de los primeros años de tu carrera ;)

  • Recuerdos del Secadero

    [Nota para lectores: Este post es un tocho considerable sólo recomendable para santoñeses baloncestistas]

    A raíz de este magnífico retrato de las pachangas baloncestísticas que leí el otro día, y del pésimo tiempo de este mes de julio aquí en Santoña que me tiene encerrado mirando por la ventana, he decidido hacer mi pequeño homenaje a aquellas tardes infinitas que pasaba hace años (cada vez queda más lejos) en el Secadero, en las pistas.

    Eran otros tiempos, lo más parecido a la tecnología actual era un Pentium con un emulador de la Gameboy y el PcFútbol, y un móvil que valía para llamar y mandar mensajes. Tampoco es que hiciera falta, pues cualquiera que quisiera encontrarme ya sabía dónde tenía que ir. A mí, o a cualquiera de los muchos acompañantes que en la explanada de las ocho canastas, las cuatro porterías y la U-hasta-que-la-partió-el-viento convivíamos día tras día. Hubo épocas en las que bajabas a las tres y media y ya había lleno, otras la gente se demoraba algo más… siempre había algún día en el que no aparecía ni el tato y te preguntabas qué era lo que te estabas perdiendo en otro lado del pueblo…

    Mi primer recuerdo del Secadero ya convertido en zona deportiva y no para secar las redes, es un torneo 3×3 en el que jugaba mi hermano y yo era un enano que se colaba en las canchas entre partido y partido para intentar meter alguna canasta. Me acuerdo de Luis Calle y Santi Panadero repartiendo leña y creando polémica y yo alucinando (para mí serían gigantes en aquel momento, pero ya me daba cuenta que no tenían mucha razón en algunas discusiones…) y del equipo de mi hermano, Los Tripucas, cuando el nombre aún podía ser un homenaje a aquel jugador de los Pistons y de los Jazz y no al cuerpo que acabarían echando los Chechu, Tiago, Ángel Félix y demás.

    Después fui yo el que empezó a pasar horas y horas jugando en aquellas canastas. A veces venía Pedro y pasábamos tardes muertas tirando tiros y sentándonos a no hacer nada. Y más tirar. Y más ver a la gente pasear. Fue un gran descubrimiento el día que un chaval espigado y bastante torpe nos había ocupado la canasta de Nike, un tal Álex, que era coreano. Se convirtió en otro asiduo de los partidos y las risas continuas. Porque el Seca era mucho más que hacer deporte y amigos, era el buen ambiente y las risas sin fin.

    Y poco a poco nos fuimos juntando un montón de gente peculiar. Estaban los de mi equipo, David, Miguel Ángel, Muela, Mario, por supuesto Pedro y alguna vez hasta Felipe. Estaban los uno o dos años más pequeños, Ramiro -después de picarle jugando a las chapas-, Osorio, que también vivía ahí, Álex, Iñaky… No podía faltar mi primo Félix, que aunque el baloncesto no era lo suyo, si querías reír no tenías mejor opción, y alguno de sus amigos, que eran tal para cual… Ya más tarde, a eso de las seis solían llegar los mayores, y eso ya era otra cosa. Intentábamos demostrarles que eramos buenos, que podíamos jugar a su nivel y la cosa se ponía a veces más seria, y otras veces… no. Venía Cañarte con su peculiar mecánica, Lagui y sus afilados codos, Manu, Álex el alemán, Nando, el siempre joven Gallego, Gerardo, Luis… venía Solano con sus dos inseparables amigos, Aitor con sus inagotables ganas de discutir sobre cualquier jugada, si ya venía Carretero o Monchu aquello era para nota. Partidos de categoría, incluso a toda pista… Torneos de hasta cuatro equipos, ambientazo.

    Mención aparte quiero hacer a un grupo de gente que cuando llegó revolucionó un poco el Secadero. Nosotros siempre nos poníamos en la misma canasta (la segunda más cerca de las antiguas bodegas por el lado del mar) y estos se colocaron en diagonal a nosotros. No los conocíamos y allí estaban siempre. Y nos acojonaban un poco. Con el paso del tiempo acabamos acercando posturas y a final nos hicimos buenos amigos. Y de ahí salió Sito (el tío que más ha dominado en las pistas a excepción de algún día que se dejó caer Nacho Azofra), y su hermano David, e Isaac, que en el primer partido que echamos 4×4 se dejó una navaja en la base de la canasta… ¡qué crack! Unos grandes del Secadero, porque Sito y David anda que no echaron horas ahí tampoco…

    Por supuesto me estoy dejando a algunos de los más míticos para el final, y es que por el Secadero ha habido mucho genio y figura. No quiero olvidarme de Jorge y Changel, la pareja de hecho más famosa, o cuando venía Mario con su hermano pequeño Jose que era un renacuajo (y al que ahora me encuentro y me hace ver lo mayor que estoy) Claro que era casi mejor que cuando traía a Alberto y sus incansables brincos o a Calvo, que hizo de la vagancia una táctica genuina, pero que siempre aguantaba horas allí.

    Hubo un 3×3 que organizó Berna que a veces se dejaba caer también por la zona y en el que el Koreano nos trajo a algunos de Colindres… y es que también tuvimos representación extranjera… algún chaval de Madrid, algún francés, alguno del otro lado de la bahía… unos vascos que me hicieron un mate en la cara (¡el único en un partido!), metieron una canasta desde cinco metros detrás del tablero e hicieron que no nos apuntáramos a un 3×3 en Noja todo en diez minutos… También estaban los que simplemente jugaban al fútbol y eran pocos y acababan echando unas canastas, mucho clásico del fútbol vio el Secadero también…

    Ya hablé al principio de Santi Panadero, que siguió yendo pese a la edad, que avanzaba al mismo ritmo que se quedaban cortos aquellos pantaloncitos ochenteros que nos llevaba. Y hablando de veteranos, por supuesto, el gran Nacho no podía faltar. Super Nacho, Nacho Jordan… sus inagotables historias sobre el tiro filipino y las redes que traía (y que teníamos que poner subidos en un contenedor o un carro que nos llevábamos de las bodegas), sus triples de medio campo, sus dedicatorias («¡Pa tu madre!» «¡Pa que apruebes todas!» «¡Asistencia!») o sus rodeos por la zona mientras botaba hasta que bajabas la guardia y te daba un balonazo en salva sea la parte.

    Y es que clásicos en el Secadero hubo muchos, Paco con su triple amago de cabeza, la ley de Bonano el que vaya a tirar que se quede sin mano, un hombre que creó escuela sin saberlo… Merino y su tiro por encima del tablero… También hubo chicas, pero las menos, capitaneadas por Sara Lagarma alguna vez pasaban por allí Estefanía, Mirta, Isa, o se asomaba Jana desde casa, pero poco más. Por suerte las chicas del equipo de Colindres que una vez nos retaron e hicieron que nos tiráramos todo el verano entrenando por miedo a la vergüenza, nunca aparecieron…

    Sé que me estaré olvidando de más de uno y más de dos, pero me voy haciendo mayor, así que en los comentarios podéis avisarme de los que no están en la lista. Y es que el Secadero fue más que baloncesto, fue una manera de vivir los veranos y nuestra juventud. Era perfecto.