• Mi setup de trabajo

    La semana pasada, Darío compartió con todo el mundo desde su blog su setup actual de trabajo. Y lanzó en Twitter un reto para que otros desarrolladores del mundo web hiciéramos lo mismo.

    Desarrolladores del mundo web, otro título más que me acabo de inventar para sumar a diseñador web, desarrollador, frontend developer, frontender… hasta webmaster. No nos ponemos de acuerdo ni en llamar a lo que hacemos, porque hay tantos detalles y pequeñas diferencias, que rara vez encuentras a dos personas con el mismo skill set.

    Reconozco que me encanta saber cómo trabajan otras personas que aprecias o incluso admiras por sus trabajos y lo que aportan a la comunidad (WordPress en este caso), y siempre estoy buscando la manera de mejorar mis procesos en este reto que me propuse en el 2016 de ser mejor profesional.

    Por eso creo que lo interesante no es sólo que yo comparta cómo trabajo hoy, sino que lo haga también a finales de año y se vean las diferencias y espero que las mejoras en todo lo que necesito y hago desde que surge una idea hasta que está plasmada en su dominio final.

    Mi setup actual (Marzo de 2016)

    En cuanto a hardware utilizo un MacBook Air de 13″, 1,8 GHz Intel Core i5 (mediados de 2012) con 8GB de RAM y 128GB de disco duro. Se está haciendo mayor, pero sigue cumpliendo con creces. Siempre he buscado una máquina ligera para llevarla conmigo en los viajes y reconozco que nunca me ha llamado el tener una pantalla externa para trabajar con dos pantallas. Probablemente porque ya me despisto de normal con una sola, como para darme más espacio.

    Sí que me gustaría tener un sobremesa (un iMac) para poder separar mejor el trabajo del ocio, y utilizar el portátil sólo cuando estoy moviéndome por ahí, pero ahora mismo no lo tengo. Lo que sí tengo son tres o cuatro discos duros por ahí en los que voy haciendo backups de manera aleatoria.

    Tengo un iPhone 5C que heredé del cierre de GPMESS, en el que testeo en pantallas pequeñas, y un Nokia 1520 de 6″ en el que testeo en pantallas grandes. Tenía un Nexus 4 que adoraba hasta que dejó de funcionar y dije adiós a Android. ¡Y también tengo un iPad original!

    En cuanto a software…

    • Sublime Text es la herramienta que utilizo para ‘crear‘ código HTML, CSS y Javascript. Solarized (dark) es el tema oscuro que utilizo, y plugins, más allá del ColorHighlighter y CSS Format, no uso más, supongo que sacando provecho al 5% de la herramienta.
    • Programas de Adobe. Hablando de infrautilizar programas, reconozco que el Photoshop lo he manejado desde hace veinte años a base de prueba, error y Google. Y casi nunca para retocar fotos, pero las manías de usarlo para todo son difíciles de cambiar. De todos modos últimamente utilizo más el Illustrator para revisar y trocear los diseños que me pasan en vectorial.
    • Firefox y Chrome. En mi día a día navego siempre con Chrome, pero me acostumbré a usar Firebug y es la herramienta que uso siempre para tocar cosas en el CSS. Gran descubrimiento también el comando CMD+ALT+R en Safari para cargar las páginas en distintos dispositivos y resoluciones.
    • MAMP para poder trabajar con los proyectos en local (cosa que no empecé a hacer hasta hace no mucho).
    • SourceTree y BitBucket, para crear repositorios git de los proyectos que tengo entre manos. Esto lo he añadido este año a mi proceso y estoy contento con haberlo hecho. Reconozco que apenas uso el terminal para nada y me gusta tener las cosas fáciles con botoncitos, así que es una solución bastante buena (una vez sabes lo que hace cada cosa).
    • Filezilla como aplicación para FTP. Poco hay que decir aquí, aún subo los archivos vía FTP y llevo años funcionando con este programa.
    • Evernote para anotar todo. Desde hace años es mi aplicación de notas favorita, aunque en móvil me parezca demasiado lenta para lo que muchas veces necesito. Soy bastante maniático con el orden, así que todo está en sus libretas, con sus imágenes para que la miniatura se vea bien y como diríamos en el colegio, pasado a limpio.
    • Una libreta para anotar lo que realmente me importa. Sí, no es muy tecnológico y es difícil de cuadrar con Evernote, pero me he dado cuenta que por ejemplo las listas de tareas son más fáciles de cumplir tachando con un bolígrafo y sin que sea fácil ir añadiendo pequeñas cosas cada dos por tres con un teclado.
    • Toggl, para monitorizar los tiempos que me lleva cada tarea. Creo que lo recomendó Rafa Póveda en una de sus charlas y me pareció algo muy necesario para comprobar que las estimaciones que se dan son reales. Cuesta acostumbrarse, pero una vez que lo introduces en tu proceso de trabajo es realmente útil.
    • Trello para todos los proyectos. Tengo un dashboard tipo que clono al inicio de cada proyecto y lo voy rellenando y modificando según lo que necesite. Trabajo muy bien con las tareas y las listas ahí con el diseñador con el que suelo trabajar, y también alguna vez lo he utilizado para que clientes vayan viendo el proceso y sepan en todo momento la situación de lo que están pagando.
    • Dropbox para todo. Tengo cuenta premium y lo uso para guardar una copia de todo allí. Muchas carpetas que directamente no sincronizo ya en el ordenador para liberar espacio pero ahí están por si necesito algún archivo.

    Aparte de lo estrictamente de trabajo, en mi dock no faltan otras aplicaciones como Slack, donde estoy migrando la mayoría de mis comunicaciones -las demás aún las hago por Hangouts-, Pocket, para guardar artículos que leo más tarde; Tweetbot, para leer todo mi Twitter (sí, soy de esos que lee todo el stream, por eso sigo a poca gente y voy haciendo limpieza cada poco mandando a otra gente a listas); y Spotify, porque estoy todo el día con música y cascos puestos.

    El proceso actual (Marzo de 2016)

    Aquí tenemos ya un listado de herramientas que utilizo, ¿pero cómo las utilizo? A mí manera, que diría Sinatra.

    He dejado fuera del software el email, pero es la base de todo. Durante mucho tiempo utilicé Mailbox, hasta que Dropbox se lo cargó. Utilicé Outlook un tiempo y ahora estoy trabajando con Polymail, que funciona de maravilla. Cuando estuve en GPMESS aprendí lo que es verse enterrado por emails de todo tipo, y decidí embarcarme en conseguir el Inbox 0. Desde entonces llevo ya muchos meses en los que mi día a día de emails –casi todos de trabajo o unas pocas newsletters que realmente me interesan–, o se contestan al momento, o se posponen para cuando pueda encargarme de ellos. De todos modos, todas mis cuentas están combinadas en mi cuenta de Gmail.

    Normalmente los proyectos empiezan desde un email, una llamada o un mensaje vía Hangouts. A partir de ahí, apuntar en Evernote los detalles del proyecto, montar el panel en Trello con toda la información necesaria y hacer una instalación en local para empezar a trabajar. Hasta hace no mucho aún hacía proyectos simples directamente en HTML, pero al final mi yo del futuro acababa lamentándose, así que ya todo va directamente sobre WordPress.

    En WordPress creo temas basados en el esqueleto que da Underscores y a partir de ahí, a hacer ‘magia’. Estoy intentando añadir nuevas herramientas para facilitar todo el proceso, como puede ser DeployBot para pasar de Git al servidor sin pasar por el FTP, o WP Migrate DB Pro, para no andar clonando todo a mano cuando lo paso de local al servidor de prueba y luego al definitivo. Incluso ManageWP para temas de backups, actualizaciones y demás. Pero reconozco que esto son cosas que aún no hago y sólo me las he propuesto para ir mejorando el proceso de principio a fin.

    Ah, y también tengo que meterme en el mundo del SASS, el Gulp, el Grunt o lo que cuadre, porque sí, a día de hoy sigo haciendo todo el CSS ‘de cabeza’. Son muchos años ya, y entre la alergia al terminal y el no acabar de ver cuánto me va a ahorrar en realidad, hace que esté ahí en la lista de To-Do.

    ¿Alguna otra recomendación? ¿Algo que os haga llevaros las manos a la cabeza?

  • 10 cosas que no creerás que me ocurrieron en 2015

    Para mí, una tradición navideña más es escribir el post resumen del año en el blog. Y no lo hago por mí, sino por mi primo Chema, aunque él no lo sepa. Lo hice a finales de 2012 y también en el movidito 2013. El año pasado parece que me escaqueé, pero en el 2015 volvemos a la carga. Con un titular absurdo, homenaje a los clickbaits de BuzzFeed y similares y con un resumen en el que, ya aviso, seguro que me dejo cosas importantes. Pero me hago mayor (¡32 ya!) y esto vale como excusa para todo.

    1. Por fin viajé a Roma y a Florencia. Un septiembre caluroso y diez días de caminar sin parar, visitar museos y ver maravillas del arte con Mónica. Y los helados, ay los helados.
    2. He subido una foto a Instagram cada día durante todo el año. Ya lo hice en 2010 vía Flickr y esta vez ha sido la red social de moda la que me ha hecho disfrutar y sufrir a cuenta de este proyecto basado en la constancia.
    3. Hablar en público cada vez es menos problema. No voy a decir que no me sigo poniendo nervioso, pero ya no es una barrera insuperable. Di mis primeras charlas en Yuzz y un curso de verano de la Universidad y creo que no se durmió nadie.
    4. He elegido a WordPress como modo de vida. Algo que se veía venir profesionalmente por el tema de especializarse para destacar, pero que se aceleró tras el fantástico WordCamp Cantabria al que asistí. Vertixe + WordPress formarán una gran combinación en 2016.
    5. Me desencanté con la política. Y eso que desde mayo tengo un hermano diputado. Demasiadas campañas electorales, demasiados artificios y pocas soluciones a los problemas reales. Y una falta de transparencia alarmante.
    6. Volví a no conseguir ponerme en forma. Tres semanas saliendo a correr, un par de semanas haciendo ejercicios… la constancia que he tenido con las fotos me ha faltado en lo físico.
    7. Sigo escribiendo. Y he actualizado el blog bastante los primeros seis meses del año. Sube mi uso de Twitter y baja alarmantemente el de Facebook y LinkedIn (sí, también he aprendido a dejar de hacer de visionario como con Google+). ¡Y me estrené escribiendo en gallego para Disquecool con cinco posts!
    8. Los concursos de tapas son el bien. Nos recorrimos todo Marín y parte de Pontevedra de tapa en tapa, descubriendo bares y rellenando fichas. No descartamos dejarnos caer por más ciudades el próximo año coincidiendo con estos magnos eventos culinarios.
    9. Festival de Cans, Santander Music, Los Secretos… y es que hablando de magnos eventos no puedo olvidar algunos de los festivales o conciertos en los que mejor lo he pasado. Todos somos contingentes, pero tú eres necesario.
    10. Al fin encontré tiempo para escuchar podcasts. Aunque sean de tecnología y aburridos para todos vosotros, para mí es un pequeño logro haber sacado el tiempo y crear una nueva costumbre.

    Y esto es más o menos lo que se me viene a la cabeza. 2015 ha sido un buen año, sólo he tenido dos bodas, mi familia gallega vino a conocer Cantabria, el Joventut y el Racing me dan más penas que alegrías y mis sobrinos cada día están más grandes. Como dice mi abuela, ¡y que el año que viene estemos otra vez por aquí!

  • Un mejor profesional

    Cuando queda poco más de un mes para terminar el año, puedo dar por abortada la idea de escribir 53 posts (uno por semana del 2015) en este blog. Me he quedado en prácticamente la mitad pero ha sido otra de esas experiencias de las que aprendes un montón: saqué a la luz todas esas lecciones que me dio el mundo emprendedor cuando trabajaba en GPMESS, compartí mis métodos de trabajo nómada y pude profundizar algo más en mi día a día.

    Tener este blog me permitió en julio dar un par de charlas en Santander, y también me ayudó a dar por cerrada mi experiencia en el WordCamp Cantabria. Y que desde verano me relajara en lo de escribir periódicamente no significa que lo vaya a dejar aparcado, ni mucho menos. Ahora va a ser testigo de otro proceso que me va a tener ocupado durante 2016: ser un mejor profesional.

    Antes de que salgáis huyendo de aquí, tranquilos, no todos los posts van a ser a partir de ahora técnicos, llenos de código de WordPress y palabras inentendibles. Los habrá así, que respondan a dudas que yo mismo me he hecho multitud de veces, los habrá que contarán cómo enfrentarse a nuevos programas, apps o procesos de trabajo; y los habrá más personales, sobre viajes, aventuras o planes.

    ¿Cuál es el motivo de andar este camino?

    Dicen que para obligarte a hacer algo, lo mejor es contarlo en alto, compartirlo con otras personas. De esa manera, si no lo haces por ti, al menos lo haces por no fallar a los demás. El cerebro tiene este tipo de cosas. Durante la WordCamp Cantabria, comenté (y me temo que está grabado en vídeo) a Darío –y en extensión a toda la comunidad– que en la próxima edición del evento, yo sería ponente. ¿Sobre qué hablaría? Ni tenía ni tengo la más remota idea. Aún.

    Por eso uno de mis planes –sí, yo hago los propósitos del año nuevo en cualquier momento– es convertirme en un mejor profesional. En ser como muchos de esos otros que suelo leer, escuchar, e incluso por qué no decirlo, admirar. Superar esos momentos de síndrome del impostor, en los que piensas que no tienes nivel suficiente para esas conversaciones, para esos trabajos o para merecerte ciertas cosas, y empezar a confiar y crecer día a día en la vida en general.

    Es probable que no sepa nada aún del tema en el que hablaré en esa futura ponencia, pero seguro que aparecerá antes en algún artículo de este blog. Es hora de sacar brillo a esa ilusión por aprender y crear cosas nuevas, la misma que me hizo construir mi primera página web con el Frontpage 98, unas tablas y una imagen; la que me descubrió después el Dreamweaver, o la que me hizo pasar horas entre animaciones en Flash y ActionScript; la que hizo que me rindiera a los <divs> y el CSS; y la que me llevó muchos años después a conocer un gestor de contenidos llamado WordPress.

    ¿Me acompañáis en esta nueva aventura?

  • Mi primer WordCamp: #WCCantabria 2015

    [26/53] Un fin de semana de noviembre en Cantabria no suele ser un plan a priori muy apetecible. Pero por un lado el magnífico tiempo que nos acompañó y por otro el gran trabajo del equipo de organización y voluntarios del WordCamp celebrado en el Palacio de la Magdalena, lo convirtieron en un planazo. Ya hay estupendos resúmenes de las charlas de grandes ponentes y del evento en sí, así que simplemente destacaré lo que realmente he aprendido y me va a hacer mejorar como profesional en los próximos meses (que no es algo que uno pueda decir siempre que sale de un evento de cualquier tipo).

    Lo primero de todo es que he aprendido a pronunciar plugin y archive como los ingleses nativos y no como los de primero de interné. Palabras que uno usa en su cabeza durante años y de repente se da cuenta que el mundo va en otra dirección.

    Bromas aparte, me resultó interesante el cómo utilizar el tema underscores (_s) para crear temas desde cero. Cada vez se tiende más por comodidad a utilizar plantillas multi(des)propósito premium de las que sólo utilizas un 5% de sus posibilidades y llenas el backend y el frontend de archivos de estilos, javascripts y opciones innecesarias que son contraproducentes.

    Relacionado con el desarrollo de temas, las buenas prácticas a la hora de usar CSS y, a ser posible, trabajar con preprocesadores como SASS, es algo que hay que hacer desde ya. Si no, terminas con hojas de estilos incomprensibles, llenas de !important para sobreescribir chapuzas.

    Muy interesante también el tema del WordPress Performance Optimization para mejorar tanto a nivel frontend como a nivel servidor la velocidad de carga de las páginas web, algo que repercute en experiencia de usuario, posicionamiento y, en consecuencia, dinero. También recordar que la seguridad es importante y que debemos hacer todo lo posible por minimizar los riesgos en cada proyecto.

    Obtuvimos una visión del futuro y de los maquetadores visuales, que tan de cabeza me traen actualmente pero que son un claro indicativo de hacia dónde se van a mover las tendencias en los próximos años. Y, por supuesto, una imagen de la comunidad española de WordPress en la que todos podemos colaborar de una manera u otra para seguir remando y convertir ese 25% de webs que actualmente usan esta plataforma en muchas más.

    Relacionado con el aportar, más allá de mi promesa de ser ponente en la próxima edición del evento (¡tengo un año para especializarme en algo y contarlo!), también ha surgido la oportunidad/necesidad de montar algo similar en Galicia, donde tiene que haber comunidad pero anda desperdigada. Pronto nos encontraremos en un Meetup en Vigo.

    He evitado poner nombres porque todo el mundo que participó en el evento puso su granito de arena y sería injusto olvidarse de alguien. Se trataron muchos temas que igualmente me interesaron, hubo conversaciones individuales y en grupo durante las comidas, los cafés o el contributor day que fueron tanto o más importantes que las ponencias, y obtuve energía e ideas suficientes para hacer que el 2016 sea un punto de inflexión tanto para mí como para Vertixe.

    Enhorabuena a todos los que formamos parte de esta gran familia que es WordPress, ¡y nos vemos en el próximo WordCamp!

  • Charla: Herramientas digitales para sobrevivir a una oficina nómada

    [25/53] Después de unas pequeñas vacaciones en el blog para retomar nuevos temas, tengo que compartir con vosotros un pequeño resumen de la charla (o ponencia, o conferencia, cualquier nombre me suena raro) que tuve la suerte de impartir el pasado viernes en la Universidad de Cantabria dentro del curso «Knowmads, profesionales del siglo XXI«.

    Ya os conté en su día la importancia de tener un blog, y gracias a los posts que escribí en su momento sobre las aplicaciones que utilizo para facilitarme la vida, EJECANT se puso en contacto conmigo para hacer una versión ampliada de esos temas para los asistentes al curso.

    Aquí tenéis los slides que utilicé durante la charla, aunque apenas contienen información (soy bastante más de viva voz que de llenar la pantalla con datos), y un pequeño resumen de lo contado debajo.

    La principal diferencia entre los que estaban ahí sentados (yo he estado hasta hace poco muchas veces ahí) y yo, es el hecho de dar el paso: salir de un curso y ponerse manos a la obra. Un profesional del siglo XXI es alguien con inquietudes y dispuesto a ponerse en marcha.

    Cuando estuve viviendo en la República Checa me di cuenta que podía trabajar perfectamente con un portátil y una conexión a Internet, y no soy el único, hay toda una comunidad de nómadas (literalmente, no sólo del conocimiento) que comparten experiencias en sitios como NomadList, donde además puedes consultar un listado de las mejores ciudades para vivir y trabajar, basado en parámetros como el coste del alquiler, de la compra, de un café, del clima o hasta de la simpatía de la gente.

    Esto no quiere decir que tengas que hacer la maleta ya, ni siquiera que tengas que montarte tu propia empresa. Márcate objetivos y toma decisiones, ya sea dar la vuelta al mundo o conseguir el trabajo que parece inalcanzable a priori.

    Igualmente, como no hay dos personas iguales ni dos trabajos similares, tampoco espero que nadie se baje todas las apps de las que hablé ni adopte mis procesos personales, porque son difícilmente extrapolables. Lo importante es conocer la existencia de muchas herramientas y adaptarlas a nuestras necesidades.

    Hay muchas aplicaciones que te facilitan la vida, ¿cómo elegir entre todas? Para mí hay dos puntos clave, que sean multiplataforma (por si me da por ir cambiando de iOS a Android, de Mac a PC) y que se sincronicen para poder tener siempre toda la información en cualquier lugar. Además, si tienen verificación en dos pasos para conectarte y aumentar la seguridad, y disponen de un buen buscador para encontrar información en ellas, son un acierto seguro.

    Desgranando las herramientas de las que hablé, empecé con la organización personal y profesional gracias a Evernote (y a una vida sin papel con Scannable), los documentos y fotos que me acompañan en la nube en Dropbox, cómo no morir aplastado por el email vía Mailbox (y cómo funciona el Inbox 0). Hubo tiempo para hablar del omnipresente Slack como modo de centralizar las comunicaciones (y no quise estropearles la productividad mencionando directamente /giphy …oh wait), y de mi batalla favorita entre Trello y Basecamp para gestionar proyectos, o de calendarios como Sunrise para gestionarse a uno mismo.

    También hablamos de estar a la última vía Feedly y de cómo organizarse es importante hasta para utilizar Pocket y no tener artículos para leer más tarde hasta cien años después de morir. Y por último, un poco de Mailchimp, y mencionar otras herramientas que nos serán útiles para encontrar donde comer, conocer gente o pasar el rato allá donde queramos llevarnos nuestra oficina nómada.

    Y simplemente recordad, lo importante no es usarlo todo, sino conocer lo que existe y adaptarlo a nuestros procesos de trabajo y a nuestra organización personal y profesional.

  • Diseñar una web no es (para nada) lo que era

    [24/53] Recuerdo perfectamente mis primeras páginas web. Había conseguido el Microsoft Frontpage 98 y quería ver qué se podía hacer con él. Internet a finales del siglo pasado (madre mía cómo suena) era muy diferente a lo que tenemos hoy entre manos. Seguro que muchos recordaréis esos botones en las páginas de web optimizada para Internet Explorer y una resolución de 800×600… Y es que el diseño para la mayoría consistía en hacer una tabla de 800 píxeles de ancho e ir rellenando las celdas (¡muchas veces sin ni siquiera eliminar los bordes!) con textos y alguna imagen o gif animado.

    El ancho de banda en aquellos tiempos, al menos en España, no permitía grandes virguerías, por lo que era todo muy sencillo. Por suerte estamos volviendo a esa tendencia, de comunicar un mensaje claro, aunque lo que ahora lo provoca no es el ancho de banda, sino la atención de los navegantes, cuya paciencia ha ido decreciendo de manera inversamente provisional a los megas contratados.

    Entre medias, épocas llenas de imágenes y mapas de enlaces y por supuesto los años del Flash, en los que esta tecnología (primero de Macromedia y ahora de Adobe) fue la estrella: animaciones, eventos, creatividad… Claro que también tenía su cara oscura: tecnología propietaria, altos tiempos de carga, incompatibilidad móvil, imposibilidad de posicionar el contenido de cara a los buscadores…

     

    Diseño web

    En los últimos años, el diseño web se centra en una palabra: responsive. Con la proliferación de pantallas de todos los tamaños, desde smartphones de menos de 4 pulgadas a all-in-one de 27, y viendo un panorama que abarca desde smartwatches a pantallas de smart-TV gigantes, la necesidad de que una web sea adaptable a todas las situaciones es la petición básica de cualquier proyecto que empiece ahora.

    Se terminó el trazar un esquema estático en Photoshop o Illustrator de cómo se va a ver la página en todos los sitios y «traducir» esas imágenes a código. El trabajo de diseño abarca pensar mucho más allá: flexibilidad, wireframes para las configuraciones más generales, revisiones, empezar de pequeño a grande, o de grande a pequeño…

    Obviamente todo tiene que girar en torno al objetivo que queremos dar a la web, y a partir de ahí planificar los elementos clave de la página, que suelen ser el logo, título y mensaje fundamental a dar, la llamada a la acción principal, el menú de navegación, la información y datos de contacto y los bloques básicos a destacar (blog, newsletter, categorías…).

    Uno puede pensar, entonces ¿todo lo aprendido hasta ahora no ha valido para nada ya que no se aplica? Mi respuesta es un rotundo no. Por mucho que hayan cambiado las cosas, el trabajo es el mismo: obtener con las herramientas disponibles el diseño que mejor cumpla los requisitos del proyecto. Y ahí, la experiencia a la hora de diseñar es un grado (y los errores cometidos de los que se aprende).

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  • ¿Quieres una web? Piensa primero para qué

    [23/53] Como muchos sabéis, después de cerrar GPMESS, volví a dedicarme en cuerpo y alma al trabajo que siempre me ha gustado más: el diseño y desarrollo de páginas web. En los próximos meses voy a ir desgranando por aquí todo el proceso que conlleva un proyecto típico de los que hago. Normalmente son proyectos de empresas pequeñas, con un presupuesto ajustado, y que suelen necesitar ayuda para dar un primer paso a Internet. Y ahí estoy para asesorar y encontrar la solución más adecuada para cada caso (y no, no es siempre la más cara).

    Muchas veces alguien se me acerca y pregunta ¿cuánto cuesta que me hagas una web? y esperan que les dé una respuesta directa. A veces dan ganas de contestar, hombre, con los datos que me das, entre 200 y 200.000 euros. Pero realmente la respuesta tiene que ir mucho más allá… y convertirse en muchas preguntas en dirección contraria.

    Primero de todo, ¿para qué quieres tener una web? ¿Cuál es el objetivo de la misma? Algunos quieren poner sus datos de contacto en la red, otros quieren montar una tienda online, otros tantos piensan que van a actualizar un blog a diario y otros pocos te vienen ya con una estrategia clara definida en base a sus conocimientos. Según cada respuesta una web valdrá más o menos, pero sobre todo, habrá que orientar todo el trabajo para cumplir con ese objetivo, ya sea ganar relevancia en una búsqueda en Google, fomentar que los visitantes rellenen una encuesta o dejen su correo electrónico para recibir una newsletter, vender un cierto número de productos, etc.

     

    web

    Aparte del objetivo de la web, el otro básico es que sea el cliente el que tenga claro su propio negocio. ¿Cómo lo describiría? ¿Qué te hace único? ¿A quién va dirigido? Si esto tiene unas respuestas concisas, será mucho más fácil que el proyecto llegue a buen puerto. De aquí deberían salir las dos o tres cosas que queremos que un visitante de la web saque en claro si está navegando por la página un par de minutos.

    Una vez que está claro el quiénes somos y qué queremos, hay que entrar en otro tipo de detalles, en los que involucrar a todas las partes es muy importante para no atascarse. ¿Qué vamos a necesitar? Textos, fotografías, contenidos… pero también formularios de contacto, suscripción a boletines de correo, una tienda, un mapa con varios puntos de interés, etc… ¿Para cuándo lo queremos tener funcionando? ¿Hay alguna fecha clave cercana como una feria o un aniversario? ¿Quién va a ser la persona de contacto para cualquier duda del proyecto?

    A veces el cliente siente pereza ante todas estas preguntas de inicio, pero merece la pena dedicarle un día entero a definir lo que hace falta, antes que empezar sin ton ni son y dar una docena de giros cuando todo está en marcha. Es mi trabajo también el de asesorar y explicar todo al detalle a los clientes. Y es que lo para mí puede parecer básico, como que una web necesita un dominio, que a su vez necesita un alojamiento o hosting al que apuntar para poder «estar en la red«, o que hay que renovarlo anualmente, probablemente sean palabras chinas para mucha gente (que será experta en su campo y su trabajo).

    Por lo tanto, antes de hacer la pregunta del millón (que suele tener menos ceros) y si quieres empezar un proyecto de página web, tienda online o una estrategia completa multicanal de éxito, toca responder muchas otras y tener claro sobre todo el ¿qué va a hacer esta web para mejorar mi negocio/empresa/proyecto?

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  • Herramientas para sobrevivir a una oficina nómada: Pocket

    [22/53] Almacenar, almacenar y almacenar. Notas, conversaciones, archivos, correos electrónicos. Y, por supuesto, enlaces y lecturas interesantes. Sólo queda añadir lo de …y no morir en el intento. Además, esto no es un problema puramente 2.0, ya que desde pequeño vi cómo mi hermano recortaba hojas de periódicos y revistas con artículos, entrevistas o noticias importantes para luego leerlas y almacenarlas en enormes carpetas.

    Sin duda Internet ha sido un alivio para las hemerotecas y para los trasteros, pero eso no quita para que muchos tengan ahora una especie de síndrome de Diógenes virtual que tampoco es bueno. Por suerte hay herramientas fantásticas para leer más tarde esos enlaces que se cruzan en nuestra existencia por multitud de canales, como los lectores de feeds de diferentes medios y blogs, los enlaces de nuestros amigos en Facebook o Twitter, o esas curiosidades que aparecen en mitad de una búsqueda o una navegación sin rumbo por la red.

    Muchas veces hay artículos que por su longitud preferimos dejar para otro momento, otros que por su interés nos gustaría tener siempre a mano y otros que explican una serie de cosas que necesitarás recordar cuando llegue el momento de ponerse a ello en el futuro. ¿Cuál es el mayor problema? Guardarlo todo para más adelante y nunca volver sobre ello, consiguiendo un montón de enlaces en tus marcadores a los que nunca volverás.

    Por eso no es sólo una cuestión de la herramienta, sino de tener algo de disciplina y ser ordenado para que tu yo-del-futuro te pueda estar agradecido. En mi caso, procuro revisar a diario o al menos semanalmente los enlaces que he ido guardando en Pocket. Pocket es una app multiplataforma, con muy buenas interfaces tanto móviles como de escritorio, y que ofrece mil facilidades para integrarse con todos esos lugares donde sueles encontrar esas lecturas que quieres guardar. Desde el navegador, por ejemplo, puedes poner un botón junto a la barra que al pulsarlo te guarde automáticamente la página que está cargada. En Feedly, el lector de feeds RSS, con un sólo click en el ordenador o dejando pulsado con el dedo en el móvil, puedes guardar en tu cuenta ese enlace…

    Antes comentaba la disciplina de irlo revisando y obligarte a leer lo que dejas para más adelante en algún momento cercano a su publicación. Y es que, por ejemplo, cuando hice la primera gran limpieza de marcadores y favoritos, tenía artículos sobre novedades en redes sociales del 2012 que, lógicamente, no tenían ya ningún interés para nadie. También hablaba de ser ordenado. Pocket te permite asignar etiquetas a los enlaces, de esta manera puedes organizarlos por temáticas. En mi caso tengo una lista de algo menos de 20 temas en los que englobo los artículos que voy guardando: desde infografías, diseño, lanzamiento de apps, startups, social media, recursos de WordPress, hasta analítica, productividad o lecturas favoritas –para todas aquellas que no encajan en un único lugar o en ninguno pero merecen mucho la pena–.

    De esta manera, siempre que tengo que buscar una información sobre un tema en particular, sé que ahí tengo una colección con lo mejor de lo mejor que me he ido encontrando por la red en los últimos tiempos.

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  • Herramientas para sobrevivir a una oficina nómada: Mailbox

    [21/53] Sé que escribir sobre el uso del correo electrónico es algo prácticamente inútil ya como punto de partida. Aún así, Internet está lleno de artículos sobre cómo convertirse en un maestro utilizando el email y un millón de variaciones a este titular. ¿Por qué creo que es algo inútil? Porque igual que cada persona es un mundo, rara vez coinciden todas las variables que encontramos en torno al correo en un grupo amplio de personas. ¿Entonces? Sí que creo que es importante conocer las experiencias de otras personas y ver sus soluciones porque todas se pueden adaptar a uno mismo y mejorar el mecanismo propio.

    Para empezar hay que partir de la base de que el correo electrónico suele ser un problema, en cuanto a la pérdida de tiempo leyendo y contestando, las interrupciones y la cantidad de correo no deseado que te llega. Si eres una persona que no lo ve como un incordio, o recibe pocos mensajes, enhorabuena, pero el resto del artículo no es para ti.

    He de decir que mi bandeja principal de correo es de Gmail, y ahí tengo redirigidos todos los correos de multitud de cuentas que dispongo para temas variados, personales y profesionales. Durante mucho tiempo intenté llevar un sistema de etiquetas, en parte automatizado con filtros y en parte manual, para ir distinguiendo los correos, pero a la larga me di cuenta que no era muy necesario. Y es que la propia búsqueda de Gmail es muy buena y cualquier clasificación previa no me valía de demasiado, más allá de tener un montón de colores en la bandeja de entrada.

    Hace unos meses, mientras trabajaba en GPMESS y el caudal de correos recibidos al cabo del día creció una barbaridad (pero barbaridad, barbaridad) tomé una decisión de la que había leído mucho pero nunca había puesto en práctica: el Inbox 0. ¿Y eso qué es? Sencillo, consiste en dejar la bandeja de entrada de tu correo vacía. Vacía. 0. Ningún mensaje. ¿Y cómo se consigue eso? Al principio es hasta divertido… archivando todos los correos (cientos o miles) que son del pasado y allí tienen que quedar –siempre están disponibles en la búsqueda, pero no atiborran tu visión inicial de la bandeja de entrada–.

    Después, cada correo que recibes tendrá que conllevar una acción concreta. Si es una newsletter o una oferta, a no ser que sea algo que realmente te interese siempre y seas muy fan, busca el link de unsubscribe al final del correo. Normalmente dejamos nuestro correo en muchos sitios para aprovechar un descuento o descargar algo gratuitamente y después nos llegan emails que no nos aportan nada (y nos hacen perder el tiempo). Líbrate de ellos.

    Para otro tipo de acciones, es buena idea contar con una app de correo como Mailbox (de Dropbox) o Inbox (de Google), que se conectan a tu cuenta de Gmail y te permiten mediante gestos –deslizando hacia un lado u otro– decidir qué vas a hacer con ese correo. Mailbox tiene aplicaciones tanto para Android como para iOS, y también dispone de una versión en beta de escritorio para Mac, con lo que tengo cubierto todos los dispositivos en los que suelo recibir y leer el correo. ¿Y ese correo es informativo o una respuesta que esperabas? Archívalo inmediatamente. ¿Tienes que responderlo inmediatamente o te piden algo que puedas hacer en menos de dos minutos? Hazlo y no lo dejes para más adelante, o estarás todo el rato pensando en eso que tienes que hacer. ¿Es algo que necesita más tiempo de ti? Posponlo para más adelante, para esta tarde, mañana o la semana que viene, según tengas organizada tu agenda.

    De esta manera, el correo volverá a aparecerte en la bandeja de entrada en el momento en que puedas hacerte cargo de él y no antes. En el fondo es una manera de usar el correo también como lista de tareas, pero es reconfortante ver ese 0, esa bandeja vacía (en Mailbox te pone una foto bonita de Instagram que va cambiando día a día de fondo).

    Pero lo dicho, que a mí me funcione este método (que me ha llevado meses adaptarme a él) no quiere decir que le funcione a nadie más que esté leyendo esto. Cada uno debe encontrar el flujo de trabajo más cómodo y más útil para su carga de correos, de proyectos y sus necesidades. Esto es sólo una solución más para que vosotros la adaptéis.

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  • Herramientas para sobrevivir a una oficina nómada: Dropbox

    [20/53] Si ha habido una herramienta que ha cambiado mi forma de trabajar en los últimos años ha sido el almacenamiento en la nube. Ya os hablé de Slack, aunque siempre han existido los chats y los emails para comunicarse. También os hablé de Evernote, aunque siempre han existido los blocs de notas virtuales o físicos. Pero poder manejar todos tus archivos allá donde vayas y en cualquier dispositivo, como hago con Dropbox, eso no tiene comparación.

    Probablemente todos hemos sufrido en algún momento la pérdida de información, de fotografías, de documentos… cuando uno de nuestros ordenadores ha dicho basta. O por culpa de un virus, o una subida de tensión, o por un despiste, o por no saber dónde dejaste ese CD o ese disco duro donde habías grabado esos archivos. Pero ahora, eso ya suelen ser problemas del pasado.

    Existen varias herramientas de almacenamiento en la nube y prácticamente todas las grandes empresas tienen su opción: Google Drive, Microsoft OneDrive, Apple iCloud… y, aunque probablemente estas opciones sean más baratas que Dropbox, tengo la manía de confiar en empresas que se dedican a hacer una única cosa y a hacerla bien. Todas estas grandes marcas también tienen sus aplicaciones de notas, o sus sistemas de mensajería, pero tampoco os he hablado de ellos anteriormente, porque creo en la especialización y en dar oportunidades a empresas más pequeñas siempre que se pueda.

    Dropbox es un disco duro que te sigue allá donde vayas. Tienes una carpeta en tu ordenador en la que puedes ir colocando otras carpetas y archivos y se sincroniza automáticamente con sus servidores para poder acceder a ellos en cualquier dispositivo y situación. Tiene aplicaciones móviles y una versión web sencillas y fáciles de usar. Y, si la seguridad es uno de tus must a la hora de elegir si utilizas algo o no, disponen de autenticación en dos pasos para conectarte a tu cuenta. Es decir, no vale sólo con poner tu nombre de usuario y contraseña, sino que tienes que meter un código numérico que sale de un teléfono que has autorizado previamente. Así es mucho más difícil que tus archivos lleguen a manos no deseadas.

    Para mi forma de trabajar, es una ventaja tremenda el poder disponer de mis archivos en cualquier lugar. Si estoy caminando por la calle y un compañero me pide que le pase un documento en particular, puedo compartírselo desde el móvil. Si voy a ver a un cliente, puedo conectarme en su ordenador a mi cuenta y mostrarle en lo que estoy trabajando sin necesidad de tener ningún dispositivo yo. O si por ejemplo me cambio de ordenador, no tengo más que descargar Dropbox, conectar mi cuenta y en cuestión de minutos tener todo mi disco duro descargado y poder seguir trabajando con normalidad.

    Ojo, esto no quiere decir que sea una solución infalible y haya que confiar ciegamente en este tipo de almacenamiento. Los backups en dispositivos físicos siguen siendo importantes por si las moscas, o si trabajas con archivos de diseño o fotográficos de gran tamaño (al final estas soluciones tienen un espacio limitado gratuito y se puede ir ampliando pagando mes a mes o anualmente), pero es indudable que la nube, junto con Internet de alta velocidad, ha mejorado nuestra tranquilidad y nuestra disponibilidad para trabajar en cualquier lugar en los últimos años.

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  • Herramientas para sobrevivir a una oficina nómada: Slack

    [19/53] Este mes de mayo está dedicado a las herramientas que me permiten tener una oficina sólo dependiente de Internet y un enchufe. Empecé hablando sobre el sustituto a cientos de hojas impresas y carpetas llenas de archivos en el ordenador y en discos duros, Evernote. Ahora toca cómo no estar todo el día colgado del teléfono móvil, de reunión en reunión o tomando cafés para estar al día de lo que ocurre por el mundo.

    Es una herramienta que ha crecido fulgurantemente en los últimos meses, gracias a la adopción masiva del público tecnológico y muchas de sus empresas más importantes, y no ha sido sorprendente una vez que empiezas a utilizarlo. Estoy hablando de Slack. Ellos se definen diciendo «imagina todas tus comunicaciones de equipo en un único lugar, con búsquedas instantáneas y disponible allá donde vayas».

    Realmente es lo más parecido a un chat hipervitaminado que hay ahora mismo. Puedes dividir tu proyecto en diferentes #canales e invitar a cada uno de ellos a las personas del equipo responsables de esa parte. Allí puedes llevar todas las conversaciones que antes hacías por email, otro chat, WhatsApp, Skype o cualquiera que fueran los múltiples métodos que utilizabas para comunicarte. Por supuesto también puedes directamente chatear con una persona de manera privada, o con varias, en grupo. Además, tiene un potente buscador de manera que es sencillo encontrar esa cosa que recuerdas que hablasteis pero no sabes ni dónde ni cuándo. Allí estará.

    Una de las principales ventajas de Slack, aparte de ser multiplataforma y tener unas buenas aplicaciones tanto para Android como para iOS y, sobre todo, de escritorio y web, es su integración con otros servicios. Archivos fácilmente adjuntables de Dropbox o Google Drive, multitud de servicios como GitHub, Asana, Mailchimp, Crashlytics, Trello, Twitter y muchos más… todos amplificando las opciones de una herramienta que te permite comunicarte con tu equipo de manera sencilla y completa.

    Además del uso más extendido, que es el de los equipos de trabajo de una empresa, también se están creando comunidades dentro de Slack que sirven como punto de encuentro para multitud de temáticas diferentes. Así por ejemplo, la comunidad de WordPress en Español usa Slack para juntar a personas que ayudan en los foros, que organizan eventos relacionados con WordPress por toda España o simplemente para que profesionales de todo el país que, difícilmente podrían encontrarse más que unos minutos en algún evento, puedan conversar sobre las novedades de la plataforma, de problemas y soluciones de desarrollo o de cualquier tema relacionado.

    Si queréis echarle un vistazo a Slack, podéis descargarlo desde su página web y empezar a organizar vuestras comunicaciones en una única aplicación para ganar en tiempo y comodidad.

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  • Herramientas para sobrevivir a una oficina nómada: Evernote

    [18/53] Ya os conté cómo hacer para no trabajar en pijama si tienes la opción de hacerlo desde casa o cualquier lugar del mundo con una conexión a Internet y un enchufe cerca. Una vez que te organizas y adoptas esta manera de vivir, muchas personas dan un paso más allá: ¿qué te impide viajar alrededor del mundo y conocer docenas de ciudades a la vez que sigues trabajando? Son los trabajadores con oficinas nómadas.

    Yo aún no he llegado a ese punto (aunque hay que reconocer que viendo las experiencias de la gente en plataformas como NomadList, da envidia) pero sí que puedo contaros algunas de las herramientas que me permiten olvidarme de arrastrar carpetas y carpetas de papeles o montones de discos duros, no perderme nada sin necesidad de estar frente a frente con un montón de gente y tener tiempo libre para, por ejemplo, escribir este blog o salir todas las tardes a buscar una foto para mi proyecto 365 de Instagram.

    Un programa que se ha ido volviendo fundamental poco a poco ha sido Evernote. La esencia es sencilla: una aplicación para tomar notas. Para esto existen muchas diferentes, más sencillas, más limpias, o más rústicas (un boli y un papel), pero si vas usando Evernote día a día, te vas dando cuenta de lo importante que puede ser tenerlo todo organizado en un mismo lugar.

    Puedes tener varias libretas para almacenar diferentes notas, ya sean personales, por cada proyecto que tengas, para listas de tareas, etc. Y una vez las vas llenando de información, la búsqueda y la navegación entre ellas es muy potente. Uno de los puntos más importantes es que es multiplataforma. Para alguien como yo, que ha ido saltando de Windows a Mac, de Android a iPhone o a Windows Phone, y que no se casa con ninguno, es importante saber que en cualquier dispositivo voy a tener accesible toda mi información, y es que se sincroniza automáticamente y con la versión Plus o Premium puedes tenerlo disponible aun estando sin conexión a Internet.

    Las aplicaciones móviles de Evernote te permiten añadir una nota rápida de texto, de audio o con una fotografía, con lo que puedes capturar en cualquier momento y lugar una idea, un pensamiento o algo que te puede servir de inspiración o para ampliar información más tarde delante del ordenador. Las aplicaciones de escritorio o la versión web, sirven para organizar y redactar mejor lo que tengas en mente. Para alguien obsesionado con el orden y el diseño como un servidor, la tranquilidad del ordenador me vale para mantener una estructura similar en cada libreta y nota, para que toda la información sea fácilmente consultable.

    Además, puedes compartir notas con otras personas con un único link, de manera que por ejemplo, puedes compartir un tutorial con un cliente de cómo actualizar su propia web, e ir añadiendo las dudas que le vayan surgiendo sin tener que estar modificando continuamente un pdf o hacerle leer una cadena de emails. Tendrá toda la información actualizada entrando en esa dirección. Y ésta es sólo una de sus muchas posibilidades. Si queréis registraros y empezar a «jugar» con Evernote, aquí os dejo un link (con referido).

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  • No deberías desesperarte con tus clientes

    [17/53] Los clientes son un clásico en las conversaciones entre trabajadores, más si es el caso de autónomos o pequeñas empresas. Probablemente todos nos hemos visto reflejados en anécdotas sobre personas que pedían imposibles, que no tenían ni idea de lo que necesitaban o que se empeñaban en hacer tu trabajo y usarte como mera herramienta. «Los clientes son lo peor… si no fuera porque son los que pagan…». Pues siento decir que todos somos clientes en un lado u otro, y que en la mayoría de los casos es nuestra propia culpa y no la suya el llegar a esas situaciones desesperantes.

    Mike Monteiro es un diseñador de Mule Design que, aparte de escribir estupendos libros y llevar proyectos muy chulos, da charlas entretenidas. Hace tiempo escuché una –que enlazo al final del post–, en la que se ponía a sí mismo de ejemplo. Pasó de vivir en Texas a San Francisco y quiso aprovechar el cambio para adaptarse a la vida californiana, comprarse una bici y mejorar los hábitos que le habían hecho estar realmente gordo. No tenía ni la más remota idea de bicicletas, más allá de que tienen dos ruedas y te llevan de un sitio a otro a base de pedalear. Entró en una tienda y se encontró ante cientos de modelos, de carrera, de montaña, de paseo, de 300 dólares y de 5.000. Y sin saber qué preguntas hacer para no parecer estúpido y que no se notara la vergüenza que estaba pasando en una situación incómoda.

    Cuenta que tuvo la suerte de encontrar a una dependiente que enseguida entendió el panorama y le empezó a hacer preguntas para encontrar la bici que necesitaba. Preguntas para las que sí sabía la respuesta, como qué trayectos iba a hacer con ella, cada cuánto tenía pensado usarla o hacía cuánto que no montaba en bici. Encontró una persona con empatía y que le explicó los tipos de bicicletas que había, el por qué unas valían 300 y otras veinte veces más y, finalmente, le aconsejó los modelos que encajaban en sus necesidades reales para que pudiera llevarse una a cambio del dinero que guardaba en el bolsillo.

    Probablemente todos nos podemos imaginar en situaciones similares y nos encantaría encontrarnos con alguien así. El problema es que muchas veces los que te atienden (que son los mismos que después se ríen entre ellos) no hacen nada por ayudarte y la situación se vuelve tensa. Hay un problema de comunicación y tú no estás dispuesto a gastarte tu dinero en algo que no estás seguro que va a funcionar, o que si el día de mañana se rompe, no sabes si vas a poder volver a esa tienda a que te lo arreglen. Nadie sabe de todo y, por supuesto, a nadie le gusta que le hagan sentir tonto.

    En mi trabajo ocurre lo mismo, y muchas veces lo enfocamos desde un punto de vista erróneo. Mucha gente quiere una página web, o una aplicación para móvil, o una tienda online, pero no tiene claro ni el proceso, ni el coste, ni si nosotros somos los adecuados para hacerlo o lo son otros. Muchos hacen preguntas que ellos consideran importantes y puede que no lo sean, y otros directamente no las hacen por miedo a demostrar que no tienen idea y que se puedan aprovechar de ellos. Es por esto que la comunicación es importante y el ser sinceros desde el primer momento. Y responder las veces que haga falta las dudas del cliente.

    Hay que partir de una base en la que nosotros sabemos que el cliente es el experto en su negocio y ellos saben que nosotros somos expertos en el nuestro. Y a partir de ahí, empatizar, escuchar y explicar. ¿Por qué hay páginas web de 50€ en los anuncios y por qué hay presupuestos de decenas de miles de euros? ¿Por qué estos trabajos van a llevar estas semanas? ¿Qué es mejor para cada caso concreto? ¿Necesitas un blog o una estrategia en redes sociales? ¿En qué deberíamos esforzarnos con el presupuesto que tienes actualmente? ¿Podemos ayudarte a ganar más dinero? ¿Tienes tiempo para dedicarle personalmente a tu imagen en Internet?

    Son estas cuestiones y muchas más las que los clientes no tienen por qué saber de inicio, y es nuestra labor educarles y contar el porqué de cada decisión y del proceso hasta que tienen esa web ya online. Hay que escuchar sus comentarios y no desesperarse ante preguntas que puedan parecer ilógicas (intenta comprender por qué las hacen) y es que ellos conocen mejor que tú sus clientes y su público. Por eso, la próxima vez que vayas a perder el control, párate y piensa qué estás haciendo mal en esa relación. Puede que el error fuera de inicio, y no seas la persona adecuada para llevar el proyecto y a ese cliente (por eso la importancia de valorarlo todo y decir no), o puede que en algún momento no hayas explicado lo que estaba ocurriendo y sea tan fácil como volver un paso atrás para reconducirlo todo. Piensa que estás en la tienda de bicicletas.

  • Trabajar desde casa (y no programar en pijama)

    [16/53] «¡Qué suerte tienes que puedes trabajar desde casa en pijama!» es un clásico que uno escucha siempre que dice que su oficina está a diez metros de la cama y a poco más de la nevera. Y aunque sería mentir decir que no lo he hecho unas cuantas veces, hay que tener claro que ni es la primera opción, ni la adecuada.

    La red está plagada de artículos con consejos para ser más eficiente cuando eres un freelance que sólo necesita de un portátil y una conexión a Internet para trabajar. En mi caso nada más que hay que sumarle unos cascos para escuchar música y una botella de agua y tengo el equipo completo. Una libreta y un bolígrafo son opcionales, aunque últimamente son más por si acaso que por otro motivo. Pero el hecho de que puedas funcionar con poco no quiere decir que no haya unas reglas básicas y unas líneas que es mejor dejar bien trazadas.

    Sí que he aprendido que los consejos (principalmente los de productividad) son generalidades que difícilmente se acoplan a las necesidades individuales, pero sí que funcionan como una base para experimentar e ir adaptando lo que realmente te sirve. Por eso sé que lo que me vale a mí no tiene por qué valerle a cualquiera que lea este post, pero puede que ayude de alguna manera. Igual que no diría a todo el mundo como verdades absolutas lo fantástico que es el método de Inbox 0 para el correo electrónico o hacer listas de tareas con Evernote, y es que porque a mí me funcione, no tiene que hacerlo con personas con distintas circunstancias.

    Uno de los pilares básicos es, directamente, quitarte el pijama al levantarte por la mañana. No hace falta que vayas de traje (aunque si eres como Barney Stinson y tienes el pijama-traje, entras en una categoría diferente) sino que te pongas ropa cómoda para trabajar. Cómoda pero presentable. Vamos, que si llaman a la puerta y es una visita sorpresa no te dé vergüenza abrir.

    También es importante separar una zona de trabajo de una zona de descanso. Esto es, no tengas el portátil en la mesilla y al sonar el despertador te lo pongas en el regazo para empezar la jornada. Sí, es una solución rápida para ahorrar tiempo, pero a la larga acaba siendo incómodo y degenerando en no saber cuándo estás haciendo horas de trabajo, pasando el rato o descansando.

    El trabajar desde casa te aísla bastante del mundo exterior, por eso hay otros dos puntos básicos para no volverte loco (y tener la energía para quitarte el pijama cada mañana). El primero, mantener contacto con gente de fuera a diario. Ya sea por teléfono, por correo electrónico, por chat (Hangouts, Slack, WhatsApp…) o como se te ocurra. No tienes a compañeros de trabajo al lado para charlar cinco minutos mientras te tomas un respiro o comentar el último viral que recorre Twitter, pero puedes tenerlos gracias a la tecnología a un par de teclas de distancia.

    El otro punto, por supuesto, es salir de casa. No te quedes en la burbuja de tu casa/oficina durante demasiado tiempo o perderás la noción del tiempo, del día y la noche y, seguramente, termines trabajando muchas más horas de las que debieras y tus niveles de stress irán creciendo progresivamente. Dedica tiempo en tu agenda o en tu planificación a pasear o hacer deporte, a quedar con unos amigos a tomar unas cervezas o un café o a hacer cualquier afición que tengas, ya sea ir al cine, ir a museos o patinar. Desconectar es básico.

    Y una vez que tienes estas cosas claras y bien grabadas en la cabeza, aprovecha la situación y disfruta de las ventajas de trabajar desde casa (y si es para ti mismo, aún más): poder organizarte, elegir cuándo trabajas y cuándo descansas, salir de viaje o a una cafetería y llevarte la oficina contigo para ir cambiando de ambiente, la libertad (y responsabilidad) de ser tu propio jefe y la satisfacción del trabajo bien hecho (¡no olvides recompensarte también!). Puede que no trabajes en pijama, pero hay muchas razones para que la gente te envidie.

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  • Decir «no» como forma de vida

    [15/53] Corría el verano de 2011 y después de mucho pensarlo, de hacer un plan de empresa –que nunca se cumpliría– y de participar en Yuzz Cantabria, di el paso: me hice autónomo. Y con esa decisión se abrió un mundo de posibilidades que no quería perder. Meec. Primer error, y primera lección: hay muchas cosas que te debes perder.

    Ya lo conté hace unas semanas en el post sobre la experiencia y sobre por qué te vas a equivocar aunque hayas leído una docena de manuales acerca de qué y cómo hacer el trabajo que te viene encima: la primera vez siempre pecas de ingenuo, de no saber dónde te estás moviendo y del famoso «a mí eso no me va a pasar«. Hasta que te pasa, claro.

    Recuerdo algunos de mis primeros proyectos en los que me metí y de los que salí escaldado por decir que sí a todo. Peticiones imposibles, plazos difíciles de cumplir, precios de risa, infinitos cambios sobre la marcha… ¡pero algo es mejor que nada! pensaba yo –sin valorar mi tiempo–. Segunda lección: tu tiempo es tan valioso como el dinero.

    Nunca se me dio bien decir que no a la gente. Piensas que igual estás perdiendo una oportunidad clave, que no te volverán a llamar o que van a pensar que no eres buen profesional. Atención, spoiler, estas cosas no pasan. De hecho, es un signo de que tienes claro lo que haces (y lo que no haces), lo que te conviene y lo que es mejor tanto para ti como para el cliente.

    Y es que al final, si te metes en embolados de los que vas a salir con dificultad, es probable que o acabes perdiendo dinero (subcontratando lo que no sabes o no puedes abarcar), o acabes cabreando al cliente (incumpliendo plazos y poniendo excusas). Ninguna de las opciones es la mejor, así que hay que atajar el problema desde el principio, diciendo no.

    Esto es válido tanto para un autónomo como para un trabajador dentro de una empresa. Si le dices que sí a todo el mundo terminarás haciendo tu trabajo y el de los que tienes alrededor. No es lo mismo echar una mano cuando tú decides que puedes hacerlo que tener a los demás planificando tu carga de tareas. De la primera manera puedes ser una pieza clave en la estructura, pero de la segunda no tienes nada que ganar y además si no logras terminar lo que te has comprometido a hacer, será peor –aunque no fuera tu labor en primer lugar–.

    ¿Y cómo se dice que no? Esta respuesta es sencilla, diciéndolo. Perdiendo el miedo a que estás fallando a alguien, o a ti mismo, o que estás perdiendo oportunidades. Con toda seguridad estará ocurriendo todo lo contrario: estarás ganando tiempo, tendrás mayor claridad de ideas y objetivos y mantendrás las situaciones bajo control. No aceptes proyectos cuando tu calendario está lleno de tareas ya difíciles de encajar, o si tus próximas semanas tienen unas vacaciones que necesitas y no debes posponer. No digas que sí a peticiones imposibles, en tiempo, forma o retribución. No digas que sí a oportunidades en las que vas a pringar por una posibilidad futura de que otra cosa ocurra (otro spoiler, no suele ocurrir).

    Cuando estaba en GPMESS, Javi insistió bastante en que cambiara esto de mi forma de ser y creo que consiguió bastante. Recuerdo una semana antes de irme de vacaciones a Andalucía (por primera vez en años) que tuve que rechazar tres proyectos porque los querían para ya, y no iba a estar. ¿Estaba haciendo lo correcto? Pasado el tiempo, está claro que sí. Y en el momento, pese a las dudas, también hice lo correcto. La sensación de decir que no y saber que es por el bien de todos, es agradable. Y el liberarte de una carga segura de stress que sumar a las que ya de por sí cualquier trabajador tiene, es otro alivio.

    Así que, sin miedo, debéis decir que no. Vuestra calidad de vida profesional y personal os lo agradecerá.

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  • 10 lecciones que aprendí de una aventura emprendedora

    [14/53] Llevo tres meses desgranando las experiencias y los aprendizajes que viví durante mi época en GPMESS, y salvo alguna excepción futura, con ese post voy a dar por cerrado este capítulo de mi vida profesional para centrarme en nuevas temáticas. Aunque el post se titula diez lecciones que aprendí, también se pueden considerar como diez condiciones que tendría que cumplir cualquier proyecto (propio o ajeno) para que yo me subiera a él en el futuro.

    1. Show me the money. ¿Cómo vamos a ganar dinero? Es la pregunta obvia para cualquier empresa, pero no lo es para muchas startups. Y para otras que sí lo es, la respuesta es tan cogida con pinzas que es un tremendo riesgo. Vivimos bajo la influencia de los grandes mitos, de Twitter, de Facebook… pero son unicornios y además estadounidenses. Olvídate de obtener miles y miles de usuarios para luego pensar cómo ganar dinero de ellos, a no ser que tengas una varita mágica o un plan perfecto y gratuito que te vaya a atraer a esos miles de personas hacia ti. Si puedes facturar desde el día 1, hazlo, aunque sea poco, y busca la manera de hacer crecer esa cifra semana a semana.

    2. Busca tu aceleradora. Aunque estés facturando, puede que necesites el apoyo externo de una aceleradora, incubadora o lo que tercie, ya sea por el apoyo económico, por la oficina que te pongan, por la formación en aspectos en los que cojeas o por el ecosistema que tiene alrededor y que te va a convenir en el futuro. Eso sí, ni todas valen para todo ni tu empresa va a estar en la situación óptima para cualquiera. Si aún no tienes más que una idea y ni siquiera sabes si es posible hacer algo con ella, vete a Yuzz. Si tienes un proyecto más tradicional que necesita una inversión potente inicial, vete a Lanzadera. Si lo tuyo es un proyecto de Internet o movilidad con buenas proyecciones, pregunta por ejemplo en Plug&Play. Investiga a las personas que hay detrás de cada aceleradora, los proyectos que han salido de allí y mira si te conviene y si les convienes a ellos.

    3. Controla la asistencia a eventos. Cada vez hay más y de más tipos, así que no seas el tipo que está en todos sitios y que nadie se explica cuándo trabaja (o si lo hace) porque vayas donde vayas lo encuentres. Igual que con tu aceleradora, infórmate primero y no aceptes todas las invitaciones que te lleguen. ¿Es un evento temático que encaja con lo que tú haces? ¿Sabes si va a haber algún ponente o asistente con el que te gustaría hablar de algún tema relacionado con tu empresa o tus intereses? ¿Irán inversores a escuchar a emprendedores? ¿Estás buscando un perfil técnico y se reunirán allí personas que encajan o te pueden dirigir hacia quien te encaje? ¿Va a ser la gran fiesta con comida gratis y diversión? Pues hombre, ¡apúntate también! Pero lo dicho, controlando, porque el tiempo que roban siempre es preciado.

    4. Los inversores son personas. Reconozco que apenas he tenido trato directo con más de un par de ellos y que fue Javi el que mejor puede hablar de este aspecto, pero un par de detalles básicos. Los inversores son personas como todos, no es el Papa (que también es persona como todos, pero ya me entendéis) y lo que buscan es lo mejor para ellos que suele coincidir con lo mejor para ti si tienes un proyecto sólido y con unos números sostenibles y crecientes. ¿Por qué digo esto? Porque aunque a todos nos gusta que nos cuenten lo que queremos oír, ellos están más que aburridos de escuchar humo, historias que sólo sostiene el papel y un plan de empresa optimista no, lo siguiente, y cansados de que les hagan perder su tiempo. No les hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti, y contáctalos cuando sea el momento y si tu proyecto es invertible y encaja en sus políticas de inversión –que, igual que en los puntos anteriores, deberás haber investigado primero–.

    5. Sé transparente. Le dediqué un post en particular a este tema, pero quiero insistir sobre ello. Cuando GPMESS cerró, nos dolió no sólo por nosotros y nuestra gente cercana, sino por toda una comunidad y un apoyo que habíamos generado durante muchos meses que fue espectacular. Los cientos de mensajes recibidos, los ánimos y el interés que nos llegó, no hubiera ocurrido si no hubiéramos sido transparentes en todo momento. Siempre va a haber gente que te deseé mal, eso es inevitable, pero si haces las cosas bien y todo el mundo lo sabe, serán los menos. Hay gente que prefiere tener un modelo de negocio basado en chanchullos, gente que buscará pagar lo menos posible a sus trabajadores o becarios, y gente que intentará trepar jugando unas cartas que no pensabas que ni existían en la partida. Allá cada uno, pero si tienes unos principios, sé fiel a ellos y la gente lo valorará.

    6. Escribe un blog. Siempre. Porque tiene relación con la transparencia anterior, pero porque es algo genial. Puedes compartir quiénes sois, qué hacéis día a día y por qué, puedes ayudar a técnicos que tengan las mismas dudas que tú en ese post en el que explicas qué solucionaste y cómo, te vale para tener siempre un diario/recuerdo de los eventos y logros de la empresa (premios, lanzamientos, hitos)… Las posibilidades son infinitas y si además conectas con el nicho al que va dedicado tu producto/empresa, es una poderosa arma de generación de comunidad y sentimientos positivos.

    7. Los medios de comunicación no son la panacea. Nos pensamos que salir en la portada de Xataka o Hipertextual nos va a llenar de usuarios, que salir en Product Hunt nos va a tirar abajo los servidores y que una página en un periódico de tirada nacional puede llevarnos al estrellato. Nada más lejos de la realidad me temo (salvo poquísimas excepciones). Es un esfuerzo mucho mejor establecer una relación personal con periodistas de todos esos medios y enseñarles tu producto (¡y que lo usen!) que esforzarte en hacer la nota de prensa perfecta. Intenta destacar por tu cuenta y que sean ellos los que vengan a ti porque lo estás haciendo bien.

    8. Monta un equipazo. En mi opinión, es la parte más emocionante de la aventura. Compartir lo que estás haciendo, introducir a otras personas a la cultura que quieres darle a tu empresa y contar con cracks que puedan hacerte dar pasos más grandes y te solucionen problemas que creías imposibles. Está el tópico de rodearse siempre de gente mejor que uno mismo, pero si además eres capaz de liderarlos y remar todos orientados en una misma visión, los resultados pueden ser brutales. Intenta acertar a la hora de contratar (porque la parte negativa es que si te equivocas, conocerás la parte menos agradable que es la de despedir a una persona) y ayuda en todo lo que puedas a los nuevos para que se integren lo más rápido posible y empiecen a sentirse útiles desde el primer momento.

    9. No pares nunca de aprender. Siempre habrá mil cosas que hacer y que planear, y si no le pones freno, vas a poder planificar y estar ocupado tus días de hoy a la eternidad. Ojo con quedarte atrás en un mundo que se mueve tan rápido, sea cual sea la tecnología en la que te mueves. Igual que vas a tener muchas oportunidades de conocer a gente espectacular, vas a poder aprender un montón de todos los que te rodean. De finanzas, de psicología, de manejo de equipos, de tácticas estratégicas, de inversiones, de diseño, de productividad, de metodologías, de literatura, de arte, de redes sociales, de marketing, de cocina o de cualquier tema que se te ocurra. Vive con los ojos bien abiertos porque si no, tu empresa y tu vida te pasarán por encima.

    10. Encuentra el equilibrio entre tu vida emprendedora y tu vida personal. Aunque vivas para la empresa o para tu proyecto, primero tienes que existir. Y para hacer de tu existencia algo sobrellevable, tienes que cuidarte. Busca la manera de desconectar, de poder tomar un par de pasos de distancia para tener mejor perspectiva, de cuidar a tus amistades y a tu propio cuerpo. No hace falta que te conviertas en un runner –que es la moda actual–, pero de verdad, aunque sea la última lección que pongo aquí, plantéate todas las demás en base a esta. La actitud ante los problemas y las situaciones que se van presentando es muy importante a la larga, y cuando dejas de dormir, de comer, o de relacionarte, tu actitud irá a peor irremediablemente.

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  • ¿A quién contratar para tu startup?

    [13/53] En GPMESS hicimos bastantes cosas mal, pero creo que uno de nuestros mayores aciertos fue formar el equipo que formamos. Tuvimos algún pinchazo, sí, pero la mayoría de la gente que contratamos fueron de ese tipo de personas que te llevarías a cualquier proyecto en el que pudieras montar tu equipo. Nuestra experiencia haciendo entrevistas y valorando currículums «desde el otro lado» era nula, pero desde el primer momento supimos que si éramos una empresa especial buscando gente especial, nuestro proceso de contratación no podía ser común. ¿Qué hicimos y qué aprendimos?

    Nuestros procesos de contratación

    Nuestro primer proceso de selección fue toda una aventura en sí mismo. Javi, el CEO y mente pensante de la empresa, se sacó de la manga un curioso test con preguntas de todo tipo, que enviaba a las personas que respondían a nuestra oferta de trabajo publicada en el blog, redes sociales e Infojobs. 17 preguntas en las que había desde pequeños acertijos matemáticos a cuestiones sobre aficiones, trabajos anteriores e incluso problemas absurdos sin respuesta correcta… o incorrecta. Queríamos ver qué tipo de personas había detrás de los fríos CVs, gente divertida, ingeniosa, metódica… o al menos gente que se esfuerza durante un rato en rellenar un formulario diferente a mandar un email «a quien corresponda» adjuntando un pdf estándar.

    Después de esta primera criba, tocó el turno a las entrevistas personales y ahí diferenciábamos dos partes. La primera en tono personal, para seguir conociendo a la persona, hablando sobre lo que nosotros ofrecíamos, lo que ellos querrían, sobre sus respuestas en el test y sobre su pasado, presente y futuro. La segunda en tono profesional… con matices. Hacíamos una serie de preguntas sobre desarrollos, conceptos, experiencia… y luego llegaba el pato.

    Ay, el pato. La gente en Lanzadera nos miraba incrédulos, pero se lo recomendaría a todo el mundo. ¿Cómo saber si una persona sabe de lo que habla en el mundo técnico? Haciéndoselo explicar a alguien que no tiene ni idea. Podía haber sido yo, pero preferimos que fuera un pato de goma que nos acompañaba sobre la mesa. Entregábamos una hoja con código de nuestra app o del backend (según el candidato y la oferta) y pedíamos que le echaran un vistazo y explicaran al pato a grandes rasgos qué era eso y qué hacía.

    Fue una manera de distinguir a gente que iba acelerada o miraba con calma el problema, los que sabían sacar la imagen global y luego entrar en detalles o los que no sacaban nada en claro. Lo bueno es que el pato no decía nada, con lo que poca cosa le valía y nunca había situaciones violentas como si fuera un examen. Y además, Javi podía sacar conclusiones a nivel técnico y yo podía sacar las mías propias al escucharlos (y entenderlos o no). Y que conste en acta que nadie se negó a hablar con el pato y la mayoría de la gente terminó echándose unas risas.

    Nuestro segundo proceso de selección fue más apurado en tiempo y no pudimos seguir el mismo sistema, pero aunque no hubo test por medio, sí que mantuvimos el espíritu de la entrevista personal y hubo pato hasta en las vídeo-entrevistas.

    ¿Qué enseñanzas sacamos de estos procesos?

    Primero, que hay mucha gente válida ahí fuera (al menos en Valencia y alrededores), pero también mucha gente que va con el piloto automático puesto que se saben las respuestas tipo para las preguntas tipo (¿dónde te ves en cinco años? Si lo supiera…) y no dedican ni media hora a investigar sobre la empresa que les va a entrevistar. Eso es directamente un NO, más en un sitio con un nombre peculiar que tenía un blog en el que contaba todo al detalle sobre cualquier aspecto de la empresa. Busca contratar siempre a alguien que valore tanto su tiempo como el tuyo.

    Segundo, muchas respuestas incorrectas son simplemente respuestas sin contexto. Hubo personas que interpretaron enunciados de manera diferente a nuestra idea, gente que le dio a enviar antes de pensárselo por tercera vez y lo «confesaron» nada más empezar la entrevista cara a cara, y otros que pese a no conocer una tecnología específica que necesitábamos, demostraban una buena base y una actitud orientada a aprender y mejorar que les hacía más que válidos. Busca contratar siempre a quienes analicen sus respuestas antes y después de darlas, que no tengan miedo a reconocer fallos y estén dispuestos a aprender rápidamente.

    Tercero, la gente que encaja en la forma de ser de la empresa, enseguida destaca. Y también destacan los que no van a hacerlo tan bien. No quiere decir que no sean fantásticos trabajadores para otras compañías u otros puestos, pero mantente fiel a lo que buscas y necesitas en cada momento. No hace falta un sexto sentido ni hacer comprobaciones exhaustivas del background de cada persona (por suerte esto no es EE.UU. y no hay tanto vendedor de humo como dicen que hay allí). Busca contratar siempre a personas con inquietudes similares a las del equipo y que se alineé bien con las necesidades de la empresa y su cultura.

    La opinión de otros cracks del mundo startup

    Cuando llegamos a Valencia, nuestra red de contactos aún era muy pequeña y por eso no pudimos tirar de ella para fichar a nadie. Las recomendaciones personales de gente que valoras, de empresas que destacan o con las que compartes valores son muy importantes a la hora de acertar cuando estás haciendo crecer el equipo. Pregunta en tus círculos antes de lanzarte a una plataforma de búsqueda de empleo, porque te ahorrarás muchas horas de leer interminables fichas.

    Además de para conseguir personas, es muy importante conocer la opinión de otros que han estado en el mismo lugar que estás ahora antes que tú para no cometer fallos o saber qué valoran ellos más y qué les dice la experiencia. Antes de escribir este post, pregunté a varios de esos cracks que admiro y estas son sus conclusiones:

    Jason Fried, CEO de Basecamp y autor de, entre otros, Rework, un libro que todo emprendedor debería leer, fue breve pero claro: «Hire great writers». En las entrevistas de GPMESS, además de explicar el trabajo técnico correspondiente, contábamos cómo nuestro blog era una parte importante de la empresa y que todos tenían que escribir en él sobre lo que sabían, para ayudar a la comunidad y generar un movimiento alrededor interesante. Pero no sólo eso, una persona que escriba bien te resolverá problemas en un email o un chat con más facilidad, será una persona con buena capacidad de síntesis, de documentación e imaginativa.

    David Bonilla, CEO de Otogami (de la que ya hablé al escribir sobre transparencia) y autor de la Bonilista, también nos deja un consejo clave: «Una startup no puede permitirse el lujo de formar gente, así que contrata a la gente más sénior que puedas. Si tienes dudas sobre qué persona elegir, escoge al que parezca más autónomo y orientado a objetivos. Que se autogestione. Una startup no puede permitirse el lujo de tener gente dedicada sólo a gestionar a otras personas. Eso no aporta ningún valor al producto y mucho menos al cliente.»

    Joel Gascoigne, CEO de Buffer, ya ha hablado en su blog personal sobre los aspectos más importantes a la hora de hacer las primeras contrataciones. Cuenta que lo primero y más importante (y difícil) es definir la cultura de la empresa, y una vez definida, buscar a las personas que mejor se adapten y compartan esa cultura: «With our culture in place, we’ve evolved our hiring process and we focus a lot on the culture we have. This means finding people who are positive and happy, with a focus on self-improvement, who have gratitude, are humble and are comfortable with our extreme transparency».

    Con toda esta información estoy seguro de que si estás en el fantástico momento de contratar a un equipo, podrás hacerlo un poco más seguro. Nuestro equipo lo formaban personas con las que nos podíamos ir a tomar unas cervezas y de cena y pasar un rato genial, y a la vez gente comprometida que si a las tres de la mañana había que estar arriba para arreglar algo, estaban ahí. ¡Y a veces esto ocurría el mismo día!

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  • Intenta no ser imprescindible en tu startup

    [12/53] ¿Eres de los que piensa que no te puedes fiar de nadie y si quieres que las cosas se hagan bien, las tienes que hacer tú? ¿De los que sabe que tiene que delegar parte de su trabajo y aún así no lo hace? ¿De los que opina que es mejor echar un par de horas más de trabajo para darle ese toque personal a lo que tenéis entre manos? Lamento decirte que esto no es viable a largo plazo.

    En los inicios de un proyecto es lógico que cada uno de los socios (que suelen ser pocos) haga un poco de todo, que haya hombres orquesta. Pero cuando la empresa va creciendo, se van sumando trabajadores para suplir las carencias principales y, mientras las exigencias de ciertos áreas van a crecer, hay otras pequeñas cosas que deberás dejar de hacer. Por mucho que te gusten y por poco tiempo que creas que te van a llevar.

    Yo reconozco que no soy un buen ejemplo de ello y mientras estuve en GPMESS me pudo el querer abarcar de más. No hay más que ver que aunque llegó a haber dos responsables de comunicación y comunidad, yo seguí haciéndome cargo del blog de la empresa porque primero, me encantan los blogs y segundo, «tampoco me llevaba tanto tiempo». Excepto cuando sí que te lo lleva.

    Pero no sólo consiste en delegar trabajos que otros tienen que hacer, sino en enseñar a otras personas a realizar las tareas de las que te encargas para que si un día no estás, te vas de vacaciones, estás incomunicado o cualquier otro motivo, no bloqueen a la empresa de continuar avanzando hasta que no vuelvas a estar disponible.

    Igual que a mí me enseñaron cómo hacer publicaciones en redes sociales manteniendo el tono general de la empresa, a contestar a algún usuario con dudas, a publicar una versión de la aplicación en Google Play o a asignar tareas a todos en el TFS, yo debería haberme esforzado más en explicar a los demás cómo crear imágenes sencillas con nuestra mascota Yipieto, cómo diseñar una nueva pantalla de la aplicación manteniendo una serie de conceptos básicos y claros para que fuera acorde a las demás o cómo crear una landing page para un concurso, una newsletter o un evento especial.

    Obviamente hay tareas que no son «transferibles», y es lo que cada uno aporta a la empresa de forma específica y única. No quiero decir aquí que todos tengan que saber de todo, ni de hacer apps en Android, ni de llevar las cuentas, ni de hacer campañas de marketing. Pero sí que el resto de pequeñas cosas que hay alrededor de esa labor por la que tenemos que destacar, no nos quiten todo el tiempo que tenemos si además, lo pueden hacer otros.

    El objetivo no es hacerse prescindible, ni mucho menos, sino poder centrarse en lo realmente crucial para cumplir con lo que la empresa te requiere para seguir creciendo. Y, también, el saber que si un día necesitas tomarte una semana de vacaciones, vas a dejar la empresa en buenas manos y que no vas a estar recibiendo correos ni llamadas a todas horas de tus compañeros.

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  • Las líneas rojas entre el emprendedor y su empresa

    [11/53] Pasión por el trabajo, constancia en el esfuerzo, compromiso con los resultados, autoexigencia, ir siempre más allá de lo esperado… Son cualidades que se esperan de todo emprendedor y que se repiten hasta la saciedad en charlas, mentorizaciones, aceleradoras y eventos. Lo importante son las personas que están dentro de los proyectos, sí, pero por experiencia puedo decir que si no se establecen unas líneas que no se pueden cruzar, estas actitudes maravillosas ante la vida profesional, terminarán desapareciendo en cuestión de meses.

    Sé que es un tema más que hablado y escrito en la red, pero no deja de ser clave. Si estás en una startup, vas a tener momentos en los que te vas a quemar. Sabéis que soy una persona muy tranquila, y aún así, durante la vida de GPMESS grité en discusiones como nunca grito, lloré de rabia y de tristeza, convertí granos de arena en montañas y me dieron ganas de mandarlo todo por ahí en un par de ocasiones.

    Muchas de las situaciones podemos considerarlas inevitables al estar en un entorno exigente y de alta incertidumbre, intentando implantar un modelo de negocio complicado y con mucha gente confiando en el producto que tienes entre manos. Eso es normal y, hasta cierto punto, es lo que da vidilla y adrenalina a la situación. Pero hay otras situaciones que se derivan de malas costumbres y hábitos que uno toma. Igual que expliqué que por mucho que haya por hacer, siempre hay tiempo para comer tu propia comida de perro, también tengo que asegurar que bajo ningún concepto la carga de trabajo puede hacer que te olvides de ti mismo:

    • Puede que Steve Jobs o docenas de CEOs más durmieran pocas horas al día, pero tu cuerpo no se puede adaptar de la noche a la mañana a ciertos atracones. Hay que crear hábitos saludables, y sobre todo, descansar. Tu cerebro te lo agradecerá, y tu humor –que impacta directamente en tus compañeros– también.
    • Come como una persona normal. El stress suele llevar de la mano desajustes en las comidas, desde días en los que te olvidas de comer a días en que te comes de la sentada la bolsa grande de croissants rellenos de chocolate del Mercadona. No esperes a que el reconocimiento médico de la empresa te dé un toque de atención como a mí y ponle remedio.
    • Desconecta de tu trabajo, de tu empresa, de tus obligaciones. Si estás 24 horas pensando en tu startup, estás haciendo muchas cosas mal. Busca la manera de ocupar tu tiempo con otra cosa que te guste, sal a correr, queda con un grupo de gente para aprender otro idioma, vete a tomar cervezas con tus amigos menos tecnológicos o encuentra un árbol para irte a leer a su sombra siempre que puedas. Y silencia las notificaciones de tu móvil, o no estarás realmente consiguiendo que tu cerebro cambie de modo.

    Obviamente para desconectar, no os recomiendo compartir piso con vuestros socios/compañeros de trabajo, ya que la convivencia ya suele ser de por sí una batalla, mucho peor si ni siquiera tienes un rincón para alejarte de conversaciones, llamadas de teléfono o problemáticas de tu curro. Y ojo, en su momento fue la mejor decisión y la más razonable, pero después de un año, la balanza de pros y contras va variando.

    Dijo nuestro amigo Rubén, de Kukupia, que «para los emprendedores, todos los días son miércoles«. No hay fiestas, ni findes. Y no le falta razón, porque una vez que entras en la dinámica de sacar adelante tu proyecto, tu sueño, hay que esforzarse al máximo. Hay que cumplir con todas las cualidades con las que empezaba este texto. Pero también hay que marcar el límite entre tú y tu empresa para que ésta no te devore. Para que tu salud mental te permita exprimirte al máximo por el bien de la compañía. Y saber que exprimirse al máximo no es sinónimo de trabajar veinte horas al día, siete días a la semana, sin parar durante meses. Ni de cerca.

  • Tu startup siempre debería ser lo más transparente posible

    [10/53] Es algo mucho más fácil de decir que de hacer, pero todo pequeño paso hacia la absoluta transparencia, es una pequeña victoria en el mundo en el que estamos acostumbrados a movernos. Y no me refiero únicamente a lo económico, que también, sino a la comunicación, las estrategias y todo lo que rodea a tu empresa.

    En GPMESS siempre entendimos que la comunicación era el pilar fundamental para llevar a cabo nuestro proyecto. Queríamos que todos nuestros usuarios formaran parte de una gran comunidad en la que todos nos ayudáramos y prácticamente nos conociésemos. También queríamos que nuestros trabajadores se sintieran como las piezas clave que eran, y por eso todos sabían sobre todos los aspectos de la compañía, desde lo que se hablaba en las reuniones con inversores hasta las necesidades de caja pasando por cualquier discusión o desencuentro que se produjera entre los socios.

    Esto que iba impreso en nuestro ADN siempre llamó la atención ahí fuera. El día que nos despedimos fue especialmente patente la situación, y es que fueron muchísimas las felicitaciones por la manera de decir adiós. Una manera que para nosotros fue la más normal, contando qué había pasado, qué iba a pasar a partir de ahora, qué otras herramientas podíais usar en lugar de la nuestra y si de paso alguien estaba interesado en adquirir alguno de los equipos que quedaban a nombre de la empresa…

    ¿Qué coste tuvo para nosotros ser así de claros de puertas hacia afuera? Ninguno, más allá del esfuerzo continuo por comunicar, ya fuera en el blog o en las redes sociales todos los pasos que íbamos dando. ¿Qué beneficios? Aparte del cariño de muchos conocidos y desconocidos, la sensación del trabajo bien hecho y la facilidad para ser conocidos por lo que éramos y no por otras cosas (peores).

    Mi consejo es que intentéis siempre mantener la mayor transparencia posible en todo lo que hacéis. Hay ejemplos increíbles ahí fuera… y aquí cerca. Por ejemplo, Otogami, una empresa española sobre videojuegos que entre otras cosas siempre te encuentra el mejor precio, con su CEO David Bonilla que publicó hace no mucho en su blog el post «Cómo gana (o pierde) dinero Otogami«, desgranando la situación del mercado en España, las comisiones que se llevan por el marketing de afiliación, las visitas a su páginas, las ventas… Todo un hito en un mundo tan oscuro y desconocido como el de las startups.

    En Estados Unidos hay algunos que van un paso más allá, como es el caso de Buffer. Esta empresa cuyo producto ayuda a programar las actualizaciones en redes sociales además de proporcionarte datos analíticos interesantes, tiene un portal de transparencia súper completo en el que cuentan lo que cobran todos los trabajadores (así como la compleja fórmula para calcular todos los salarios), en qué gastan cada dólar que ganan con las cuentas premium de sus usuarios, todos los detalles de sus rondas de financiación, su código open source, su plan de mejoras para la aplicación y hasta los libros que están leyendo en su tiempo libre.

    ¿Por qué son buenos ejemplos y es buena idea el tener este grado de transparencia? Porque no hay grandes secretos que guardar (las ventajas competitivas siempre quedan para uno mismo) y pueden ayudar a mucha gente. Porque igual que a todos nos gustaría saber a dónde van y a qué se dedican cada céntimo de nuestros impuestos en los ayuntamientos, comunidades autónomas o gobierno nacional, también está bien saber qué hacen con nuestra cuota de premium en las empresas, si pagan buenos sueldos, si piensan seguir mejorando, si merecen la pena ser apoyados. Porque si tu startup hace un compromiso así de fuerte con la transparencia, es porque tiene las ideas claras, unos principios fuertes y unas personas íntegras detrás. Y es a ese tipo de gente a la que inversores, usuarios y resto de ecosistema deberían apoyar.

     

  • Lo que aprendí sobre aplicaciones móviles en un año

    [09/53] No voy a explicar al detalle los descubrimientos de mi día a día, y seguro que me dejaré apuntes importantes por el camino, pero sí que voy a comentar las principales cosas que aprendí durante mi trabajo en GPMESS sobre el mundo de las apps.

    En poco más de un año me hice una especie de máster sobre aplicaciones móviles, ya que yo llegaba del mundo de las páginas web y no tenía más que el conocimiento a nivel usuario de smartphone sobre las apps. La red está llena de información interesante –como de cualquier tema– y, predominantemente, en inglés. Lástima que el mercado español sea tan diferente al mercado idílico de San Francisco y la realidad te vaya dando bofetadas cada dos por tres.

    • Olvídate de todo lo que des por sentado. Nadie utiliza el teléfono como tú y cada persona será un mundo. Javi escribe en modo apaisado, Paula convive con notificaciones de miles de correos sin leer sin importarle, Mónica lo usa como despertador y como teléfono (¡oh!) únicamente. Y éstas son simplemente las personas con las que vivía bajo el mismo techo. Las miles de personas ahí fuera seguirán unos patrones que más o menos podrás terminar diferenciando, pero seguro que no se parecen a lo que tú haces.
    • Los datos incluyen a mucha gente a la que no interesarás nunca. Existen decenas de estudios sobre uso de nuevas tecnologías, teléfonos, tablets, redes sociales, etc. que muchos utilizan para sus planes de empresa, sus presentaciones, sus cuentas de la lechera… Nada más lejos de la realidad. «Quiero un móvil para mandar WhatsApps» es lo más escuchado cuando se acercan épocas de regalos. Y créeme que es para lo único que lo utiliza mucha gente aquí.
    • Busca los hechos, no las palabras, hasta para las betas. Esto es válido para casi todo en la vida, pero por ejemplo es clave a la hora de contar con betatesters o gente interesada en ayudarte. Es fácil decirlo, pero es difícil que la gente gaste su tiempo gratuitamente por ti. Muchas personas simplemente quieren que sientas su apoyo, y muchas otras sólo quieren probar todo lo que sale antes que nadie, por si triunfa poder decir que ellos ya estaban allí antes que los demás. No es algo malo, pero puede que el interés inicial que creas tener, va a ser en realidad más pequeño.
    • El diseño de la mayoría de las apps es infumable. Descárgate todo lo que puedas de las tiendas de aplicaciones y llora desconsoladamente. Y no hablo de los cientos de miles de iconos que nunca llamarán lo más mínimo la atención de nadie, sino de las de los tops. Si trabajas y cuidas los detalles en tu aplicación sumarás puntos entre la mediocridad. No es necesario que sea perfecta la primera versión, pero sí marca unas pautas y unas líneas rojas de calidad que mantener siempre.
    • Huye de las aplicaciones monstruo y busca la simplicidad. No sólo en cuanto al diseño, sino a la funcionalidad. Hay productos que hacen de todo –si eres capaz de encontrarlo entre pestañas y botones– y tienen una complejidad extrema. ¿Eres bueno en algo? ¿Solucionas un único problema? Sé el mejor haciendo eso y olvídate de lo demás. Y no implementes cosas sólo porque puedes hacerlo, no todas las aplicaciones tienen que ser una red social en sí mismas.
    • Hasta la más simple de las pantallas puede ser un quebradero de cabeza. Dos campos para conectarte a tu cuenta, correo y contraseña, y un botón, no deberían ser problemáticos, ¿verdad? El login, el registro si no tienes cuenta, entra con tu Facebook, o con tu Twitter, ¿has olvidado tu contraseña? ¿quieres recordar tus credenciales? Y no te olvides de la política de privacidad, las condiciones de uso y alguna carta a los Corintios.
    • Siempre serás el peor ejemplo para hacer de usuario novato. Es decir, tú (y tu equipo) ya conoces lo que hace la app, lo que va a hacer, lo que debería hacer en el futuro… Puedes ser el mejor crítico para características de power users si estás usándola en un entorno real, pero es mejor que escuches a la gente que se baja la app por primera vez sin saber lo que se esperan (porque no, no se han leído tus párrafos explicativos y ejemplos en la tienda de aplicaciones) para ver qué puedes mejorar y cómo mejorar su retención.
    • Las pruebas de campo, sobre todo con Android, son todo un desafío. ¿Cuántos modelos de teléfono tiene Samsung? Nunca lo sabrás, pero tus usuarios los tendrán todos. Así que olvídate de que la realidad es lo que pasa en tu móvil de alta gama en el escritorio de tu oficina, sobre todo si tienes una app basada en la geolocalización como teníamos nosotros. Sal a la calle, quédate sin cobertura, sin batería, sube a lo alto de un monte o vete a un descampado alejado de la civilización. Y aún así habrá alguien en EE.UU. con un teléfono Kyocera que te dará malas noticias.
    • Mide todo lo medible, pero saca conclusiones. De nada sirve medir 1000 parámetros si solamente leerlos te va a llevar todo tu tiempo. Es mejor medir 10 y poder dedicarte a analizarlos, mejorarlos y sacar conclusiones sobre ellos. A no ser que tengas un experto en Big Data y Analytics en el equipo sólo para ello, céntrate en los valores clave para tu app y tu empresa, que con toda seguridad son los que se traducirán en usuarios satisfechos y ganancias.
    • Google y Apple son enormes, pero no te van a escuchar a ti. Por fuera parece que en empresas tan grandes, las cosas deberían funcionar de maravilla, que con todo el talento que tienen ahí dentro, nada debería fallar. Me temo que no es así. Y ni siquiera me refiero a bugs en el propio Android (ese rectángulo negro…), sino a reportarles bugs en sus sistemas y que tarden semanas en responderte y arreglarlo (esas valoraciones de las apps cuando estaban en alpha en Google Play, o esa semana negra de iTunes Connect…)
    • Las críticas en las reseñas son un mundo aparte. Desde cuentas que son directamente spam pasando por gente que dice incongruencias o se quejan de problemas ajenos a tu aplicación. Mención especial para los que te ponen una estrella y te explican su problema, y una vez lo arreglas y les avisas, te dan las gracias y te dejan la review de una estrella. Tendrás que aprender a reírte y vivir con ellas, y confiar que tus futuros usuarios las lean y se rían también.
    • Cada persona es un caso de uso y no puedes contentar a todo el mundo. Olvídate de hacer demasiado caso a cada persona que se acerque a darte ideas. Agradéceselo y apúntalo en la lista de cosas que no vas a leer nunca más. Ten en cuenta que va a haber gente que no encaje en tu aplicación, gente que no entienda los límites entre lo posible y lo imposible, y gente que aunque hicieras todo lo que sueñan, al final no la usarían por cualquier otro motivo.

    Sé que me olvido de tocar temas como historias con las herramientas que utilizamos (desde Flurry a Crashlytics), las otras plataformas (como Samsung Apps o Amazon), los números de cada versión o los terrenos pantanosos del ASO (App Store Optimization) y el marketing de apps, de los que todo el mundo habla pero nadie se atreve a meterse y mostrar resultados reales, pero creo que con estas pinceladas es suficiente para que si un novato en estas lides se atreve a empezar, sepa que no está solo en todos estos descubrimientos.

  • Feedback vs. features: la eterna batalla desarrollando una app

    [08/53] Este post trata de una lucha en la que me vi envuelto el año pasado y no supe ganar, por mucho que capeara los temporales y aparentemente todo fuera saliendo adelante. Además, aunque creo que es algo que compartirán la mayoría de responsables de producto o personas encargadas del desarrollo del mismo, no tiene una solución para todos, sino que es algo muy diferente según cada aplicación, su público y las posibilidades reales de cada startup.

    Pongámonos en la situación que sois un equipo reducido por motivos obvios y tenéis una primera versión de vuestro producto o aplicación. Es funcional en lo básico pero muy mejorable en casi todos los aspectos. Tienes unas decenas de early adopters que ya te están dando feedback de lo que les gustaría poder hacer y de momento no pueden. Cada persona es un mundo, con lo que eso conllevará en el futuro. ¿Cuáles son los tres muros que seguro que te vas a encontrar?

    1. La plataforma en sí. Nuestra primera versión de la app fue en Android. La decisión fue clara ya que era lo que más conocíamos, la que más posibilidades técnicas nos daba y la que mayor cuota de mercado con mucha diferencia tiene en España. Sinceramente, envidio a las startups que pueden empezar en iOS porque su mercado está ahí, y es que todo es mucho más cuadriculado a la hora de desarrollar y sobre todo hacer pruebas. Con Android nos encontramos infinitos problemas en teléfonos de gama media/baja, errores incomprensibles, feedback irreproducible y echando muchas más horas de las deseables caminando hacia atrás que hacia delante. Es lo que tiene innovar, sí, pero es un precio grande cuando sólo dispones de un (excelente) desarrollador.

    2. La featuritis. Llega un momento en que esa aplicación básica puede ir creciendo y puedes ir haciendo caso a esas peticiones de tus primeros usuarios así como a todos esos esquemas y dibujos que has ido haciendo en cuadernos, pizarras o sueños. ¿Qué añadir? ¿Qué no añadir? Ante todo no pierdas el norte. Lo mejor es que tu producto haga excelentemente una cosa, su objetivo principal, lo que vendes como visión de la empresa. Mantenlo simple y sé fiel a ello. Di ‘No’ todas las veces que sea necesario. Yo aprendí a decirlo el año pasado, pero no lo suficiente. Reconozco que fuimos convirtiendo nuestra app en un pequeño monstruo lleno de posibilidades geniales, pero sin asegurarnos que lo básico estaba bien pulido. Cuida al máximo tu funcionalidad principal, mide, testea, y vuelve a empezar. Y, después, ve añadiendo lo que sea estrictamente necesario.

    3. Las expectativas alrededor de tu trabajo. Los desarrolladores necesitarán tiempo para asegurarse que esa nueva funcionalidad está correctamente programada y hace lo que se espera que haga. Desde comunicación querrán tener hasta el último detalle de todo lo que está pasando (sea bueno o malo) con la aplicación para responder a la comunidad. Desde marketing necesitarán fechas para planificar una acción especial o enviar una serie de correos a personas específicas. Desde encima tuyo querrán ver cómo lo que estás haciendo os acerca un poco más a los objetivos globales de la empresa que, con casi toda seguridad, son facturar. Y los usuarios querrán el producto funcionando al 200% en cada momento y sintiendo que la comunidad es escuchada. ¿Cómo manejar todo esto? Principalmente haciendo partícipes a todos de la realidad, con mucha comunicación y sinceridad (igual que a la hora de manejar a tu propio equipo). Y, sobre todo, teniendo claras tus prioridades y un calendario de ejecución racional y viable.

    No hay una solución mágica a todos los problemas que van a ir surgiendo más allá del trabajo diario. Pero si puedes ir sobre aviso de que ciertas cosas van a pasarte sí o sí, es mejor tener ya un plan trazado para que no te pillen con el pie cambiado.

    Sobre cómo priorizar un montón de features y feedback recibido, escribí hace meses un post en el blog de GPMESS que reproduzco a continuación. Como lectura teórica me sigue pareciendo 100% válida, pero a la hora de llevarla día a día de tu empresa es donde está el reto y donde hay que ser estricto con uno mismo.

    Esta semana vamos a salirnos un poco del plano detallado del desarrollo de GPMESS y nos vamos a ir a uno algo más abstracto: el de la toma de decisiones a la hora de elegir qué y cómo va a ser lo siguiente que se va a implementar tanto en la aplicación, como en el backend. Y es que en una startup es muy necesario saber qué pasos se van a dar, ya que al caminar durante mucho tiempo en una especie de cuerda floja, cualquier fallo puede aparejar un gran problema.

    Pirámide de Maslow de los usuarios

    En el libro Designing for emotion de Aarron Walter encontré una traslación de la famosa Pirámide de Maslow –que trata sobre la jerarquía de las necesidades humanas– a las necesidades de los usuarios, y creo que es una manera perfecta de mostrar la base en la que se tienen que sostener todas las decisiones: primero tenemos que tener un producto funcional, segundo hay que garantizar que sea fiable, después hay que cuidar que sea utilizable, y finalmente que sea agradable y deleite al usuario.

    El orden es este y tiene su lógica: por muy bonito que sea tu producto, por muy cuidada que esté la experiencia de usuario, si no ofrece una funcionalidad que la gente necesite, o si se estropea o se bloquea cada dos por tres, estás muerto. Y es por esto por lo que el trabajo de estrategia y priorización se tiene que imponer a las ganas de ejecutar, de picar código y de ver todas esas brillantes ideas que creemos tener en nuestra mano.

    Las estrategias con bastante claras, tanto para nosotros como para la gran mayoría destartups tecnológicas: captación y retención de usuarios, generar ruido e imagen de marca y demostrar la viabilidad del plan de negocio. Con un millón de ramificaciones dentro de cada una, pero son una base común. Hay que tenerlas siempre en mente y focalizar el trabajo en ellas, y cualquier cosa que se salga de ahí probablemente nos esté despistando del objetivo final.

    A la hora de priorizar, aquí tampoco estamos reinventando la rueda. De hecho, recomiendo encarecidamente a cualquiera que tenga interés el pasarse por Quora y leer las respuestas a What are the best ways to prioritize a list of product features? donde hay un montón de información útil sobre el tema. Personalmente estoy de acuerdo con la priorización en base a cuatro elementos: funcionalidades que consiguen las métricas, las que son peticiones de los usuarios, las que deleitan al usuario y las que son estratégicas.

    Una vez que tenemos una serie de funcionalidades en mente que se alinean con nuestra estrategia y que pueden ser integradas en una de las cuatro categorías, hay que intentar balancear el listado para ordenarlo. Y ojo, aquí es igual de importante valorar previamente el coste en trabajo de cada funcionalidad tanto en backend como en frontend, así como la contribución a los objetivos globales de la empresa a corto, medio y largo plazo. No hay una fórmula matemática mágica que nos indique el camino a seguir, pero sí que cuanta más información podamos tener de cada paso que queremos dar, nos ayudará a que estos vayan en el camino correcto.

    La conclusión final es que antes de lanzarte a añadir una nueva funcionalidad, “porque lleva poco tiempo implementarla” o “que podemos hacer opcional” o “porque la cuñada de mi hermano dijo que…” plantéate si vale para cumplir con las estrategias de la empresa a corto y largo plazo, si es prioritaria entre las tareas que hay entre manos (¿es para el deleite pero la aplicación no es fiable?) y si es ejecutable por los equipos de desarrollo en un plazo razonable. Y una vez que traces el camino a seguir, no des demasiados bandazos o perderás demasiado tiempo por el camino.

  • 6 consejos para novatos que dirigen equipos en startups

    [07/53] Cuando decidí mejorar el logo y la página web que Javi había preparado para su nuevo proyecto allá en 2012, nunca pensé que terminaría teniendo las responsabilidades que tuve en GPMESS. Lo que fue un trabajillo en mi tiempo libre para que el desarrollo de una aplicación interesante no se viera perjudicado por una mala puesta en escena, terminó conmigo a 700 kilómetros de casa con cuatro ingenieros a mi cargo.

    Lo bueno del mundo paralelo de las startups es que si quieres y te esfuerzas, puedes aprender a marchas forzadas sobre cosas que nunca imaginarías que ibas a tener entre manos. Por ejemplo, en mi caso, gestionar una lista infinita de tareas y a unos trabajadores con muchas ganas de aportar (lo que siempre puso las cosas más fáciles, claro está) en el aspecto técnico de todos los desarrollos que hicimos.

    A modo de resumen para primerizos gestionando este tipo de situaciones de dirigir equipos en startups, os dejo los puntos que para mí fueron básicos para que todo funcionara (no digo ni bien ni mal, que todo marche sin pararse es ya un pequeño triunfo):

    1. Comunicación sobre todas las cosas. Durante muchos meses estuvimos sentados frente a frente, espalda con espalda, en plantas diferentes, en nuestros pisos, a cientos de kilómetros… y todo funcionaba gracias a la comunicación. Usamos Hangouts como chat para cualquier tema urgente y para videoconferencias, utilizamos TFS (en el backend y entre departamentos), Basecamp (en el frontend), el correo electrónico, hablamos a voces en las mesas, tuvimos reuniones personales, reuniones de áreas, reuniones de equipo y reuniones de empresa. Todo lo que hiciera falta para que todos supieran que estábamos ahí, remando juntos y para desatascar cualquier problema. Es mejor ser un poco plasta que dar la impresión de que no te interesa lo que pasa a tu alrededor.

    2. Haz tus propios deberes. Si estás en una reunión para ver qué está haciendo tu equipo, no puedes exigir a los demás si tú eres el primero que no cumples. Si por cualquier motivo no has podido realizar lo que se suponía que ibas a hacer, sé sincero y explícalo abiertamente. Muchas veces en una empresa pequeña hay que hacer de hombre orquesta y siempre están surgiendo problemas o compromisos que te roban el tiempo que pensabas dedicar a la tarea de tu lista. Eso sí, intenta siempre que lo que quede sin hacer no bloqueé al resto del equipo o sea lo menos importante del listado, porque tienes que ser el primero que dé ejemplo con tu trabajo.

    3. Planifica a corto y medio plazo. Volvemos a hablar del mundo startup, que lo es por la alta incertidumbre en la que se vive, así que pensar a largo plazo es algo que sólo te puedes permitir en tu imaginación (yo siempre intentaba tener una aplicación soñada en el fondo de mi subconsciente para ir hacia ella, pero tenía que ser realista). Plantea un calendario con fechas y objetivos, planifica los lanzamientos, las mejoras y los trabajos que faltan. Busca el consenso con el equipo y sed realistas. Puede ser un calendario algo flexible, pero hay hitos a los que se tiene que llegar y los deadlines terminan sacando lo mejor de todos cuando se aproxima el día D.

    4. Escucha, pero hazles pensar. Lo bueno de que mi perfil no fuera tan técnico como el de mi equipo (rodéate siempre de gente mejor que tú) era que yo planteaba los problemas a la escala más simple y ellos se adentraban en ellos. Al haber confianza, sabía que no me iban a decir que todo era culpa de la junta de la trócola, sino que buscarían soluciones. Pese a ello, uno de los errores que más cometí es no hacerles pensar más. No dejes que se lancen a la primera solución que les viene a la cabeza y que probablemente no hayan valorado del todo. Sé crítico, pregunta muchos por qué, analizad las consecuencias y si en el futuro nos vamos a lamentar de una implementación rápida ahora. Aprenderán a pensar más críticamente cada día y darán ese paso atrás cuando haga falta para que sus yo-del-futuro no se acuerden de aquella reunión y la decisión resultante.

    5. Sé realista, mide y aprieta. Deberías conocer a cada una de las piezas de tu equipo y ayudarles a dar lo máximo de ellos. Pero también saber cuándo es el mejor momento para meter una semana de trabajos más relajada y cuándo para meter todas las horas del mundo, apretar y sacar esa funcionalidad importante que hace falta. Saber que si están una semana sin dormir, es un esfuerzo de su parte para el bien de la empresa y que la siguiente van a tener que recuperarse. No quemes tus mejores armas para triunfar: tus trabajadores. Y haz todo lo posible para que estén contentos, en lo profesional y en lo personal. Al cabo del día compartís muchas horas y las mismas preocupaciones… no crees problemas de la nada.

    6. Intenta siempre dibujar la imagen completa. A nadie le gusta vivir en un cubículo donde recibes X, programas Y y lo pasas al siguiente eslabón de la cadena. En una empresa pequeña, si quieres que todos la sientan parte de ellos, hay que ser abiertos con todo lo que pasa. No hace falta entrar en detalles de gastos de caja, pero sí que la salud de la compañía, lo que están haciendo en otras áreas (comunicación, negocio, administración…) y los retos que tenemos a nivel global, son importantes que todos lo sepan. Puede incluso que tengan algo que aportar, una idea, un contacto… y si no, al menos saben que lo que están haciendo tiene un sentido y un objetivo claro.

    Sé que mi equipo (o los que formaban parte en cada momento de él) recordará siempre la semana de implementar las fotos en los yipis para una acción de street marketing en Santander, el mes de los lanzamientos de la versión 2 de la app en Android y la inicial de iOS para terminar con el demo day de Lanzadera, o la semana de las caídas del servidor y el submarino que alertaba a horas terribles… Mucho trabajo bajo mucha presión, pero que al final no impidió que cada problema tuviera su solución y después nos fuéramos a cenar todos juntos por ahí.

  • Siempre hay tiempo para «comer tu propia comida de perro»

    [06/53] Ante todo, tranquilos, no he decidido convertir mi blog en un espacio culinario de dudosa calidad. Y es que «comer tu propia comida de perro» es una necesidad, pero de toda empresa que desarrolla un producto. El problema es que muchas veces la excusa de la falta de tiempo y el enfrascarse en la locura del trabajo non-stop y las iteraciones te hace evitar esta clave para que todo vaya bien.

    Dediqué enero a desgranar una serie de consejos personales que saqué de las experiencias del año pasado, y ahora en febrero hablaré un poco de esas mismas experiencias pero a nivel profesional, lo que aprendí dedicándome al diseño y desarrollo de un producto, del mundo de las aplicaciones o de la gestión de un equipo.

    A la hora de montar una empresa que crea una solución, siempre se dice que lo mejor es arreglar un problema que tú mismo tienes y que compartes con cuanta más gente mejor. Conoces a personas que lo sufren y se sienten identificados con lo que expones, con lo cual es más fácil que exista un mercado al que extrapolar. Nosotros, en GPMESS, teníamos una aplicación móvil cuyo máximo sentido lo tenía cuando estabas fuera de casa o la oficina. ¿Qué tendría mucho sentido? Que nosotros estuviéramos fuera de ahí. ¿Qué pasó? Que tal vez estuvimos demasiado tiempo encerrados desarrollándola.

    Ojo, no estoy diciendo que el desarrollo no fuera el correcto, ya que se testeo la app, hubo numerosas versiones alpha y beta, descubrimos cientos de bugs y mejoras antes de lanzar versiones al público y obtuvimos un valioso feedback de personas cercanas a nosotros. Pero todo esto se consiguió de un uso excesivamente orientado a sacar esos errores, no un uso natural del que iba a ser nuestro público final.

    Puede que tu empresa sea diferente, que desarrolles una solución para personas que no son como tú, o puede que el feedback externo sea muchísimo más importante que el interno, pero por normal general, tú y tu equipo soléis ser el primer usuario de un desarrollo propio, sobre todo en startups.

    Y si pretendes que otras personas utilicen tu aplicación (o tu web, o tu plataforma, o lo que sea…) y tú apenas la usas fuera del entorno del testeo, algo estás haciendo mal. Eso es lo que significa «comer tu propia comida de perro». Si no la comes tú, ¿cómo esperas que otros lo hagan? O aún más, ¿cómo esperas que te paguen por ello? ¿Tú lo harías si fuera al revés?

    – ¡Ey, pero vosotros escribíais muchos yipis[ref]Los yipis eran los mensajes que se escribían con la app de GPMESS. En ellos se dejaban todo tipo de consejos, secretos o recuerdos sobre el lugar en el que se ponían, y permanecían allí para que el que pasara después por ese sitio consumiera la información.[/ref]! – diréis muchos – ¡Y estabais todo el día probando la aplicación y corrigiendo cosas y añadiendo nuevas características!

    A nivel individual (y probablemente parte del equipo se sienta identificado) tal vez no supe encontrar un equilibrio razonable entre trabajo y ocio mientras trabajaba en GPMESS. Eso me hubiera permitido utilizar la aplicación en situaciones más reales, descubriendo nuevos lugares, nuevas ciudades, nuevas sorpresas. Ahora no me entraría en la cabeza el estar tan ocupado que no tuviera ni tiempo ni ganas de escribir media docena de yipis a la semana. Si viviendo en una ciudad nueva como Valencia, con gente de todo tipo, no me inspiraba, es seguro que algo estaba haciendo mal.

    Así que mi consejo es que aunque todo se vuelva prioritario, la falta de tiempo nunca puede ser una excusa para no «comer tu propia comida de perro». Y si para comerla necesitas desconectar del mundo profesional y viajar y conocer, piensa que no estás más que ayudándote a descubrir cómo solucionar el problema que originalmente buscabas arreglar. Porque cuanto más te alejes de ese problema y de las personas que lo comparten, más difícil te va a resultar dar en el clavo con la solución que necesitan.